Domingo 3º Adviento - B

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Estudio de Evangelio. José Mª Huerva Mateo
 
Hoy es domingo de Gaudete. Esta alegría que procede de la cercanía del Señor es un equilibrio emocional y afectivo que transciende todo estado de ánimo: me sienta bien o mal; todas las circunstancias históricas: éxitos o fracasos; la serena certeza de que nada ni nadie nos puede apartar del amor de Dios (cf Rm 8, 35); la experiencia humilde de saber que: “Si Dios está de nuestra parte, ¿quién estará en contra? ( Rm 8,31); alegría que permanece siempre en la lealtad a Dios y a nuestros hermanos.
 
 
13 diciembre 2020. Juan 1, 6‑8.19‑28
 
“Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.
Los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran:
—¿Tú quién eres?
El confesó sin reservas:
—Yo no soy el Mesías.
Le preguntaron:
—Entonces ¿qué? ¿Eres tú Elías?
Él dijo:
—No lo soy.
—¿Eres tú el Profeta?
Respondió:
—No.
Y le dijeron:
—¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?
Él contestó:
—Yo soy «la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor» (como dijo el Profeta Isaías).
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron:
—Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?
Juan les respondió:
—Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mi, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando”.
 
De nuevo aparece la figura del precursor, hoy en el evangelio de Juan y se nos presenta como testigo de la luz frente a la ceguera, la soberbia de los judíos que envían a unos sacerdotes y levitas a preguntarle sobre su identidad, con una actitud fiscalizadora, inquisitorial. Es la actitud de la increencia, de la necedad arrogante, de los que, porque se creen en la posesión de la verdad ignoran que Dios solo se da a conocer “a los que no exigen pruebas y se revela a los que no desconfían” (Sab 1,2). La increencia de los que se creen religiosos es incapaz de aceptar ningún tipo de revelación, tenga el matiz que tenga, el mismo Jesús lo desenmascara ante los fariseos:” Vino Juan, que no comía ni bebía y dicen: está endemoniado. Vino este Hombre que come y bebe, y dicen: mirad que comilón y bebedor, amigo de recaudadores y pecadores” (Mt 11,18-19a). El evangelio de Juan los llama ciegos, porque dicen que ven (Jn 9,41). Nunca están dispuestos a apearse de su fundamentalismo.
 
El interrogatorio al Bautista, saca a la luz el verdadero perfil o modelo de mensajero, el que manifiesta en todo su ministerio la soberanía de Dios, quedando él en segundo plano; él sabe que es “testimonio de la luz, la voz” de la Palabra: “Quién lleva a la novia es el novio. El que está escuchando se alegra de oír la voz del novio. Y en esto consiste mi gozo colmado. Él debe crecer, yo disminuir” (Jn 3, 29-30). El testimonio del precursor aceptando con “gozo colmado” la misión que Dios le encomienda es el paradigma de todo mensajero, apóstol, evangelizador de la Buena Noticia.
 
En contraste con esta ceguera y dureza de corazón de los que se creían los guardianes de Israel, existen todos aquellos que velando mantienen viva la esperanza; y se llenan de una alegría inmensa porque ven próxima la Salvación de Israel, éstos son los pobres de Yahvé, representados en María, la madre del Señor y en Zacarias, padre de Juan. Dios siempre cumple sus promesas, en el Magnificat María exulta de alegría:” Auxilia a Israel, su siervo acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia por siempre”(Lc 1,54-55); y Zacarías en el Benedictus se expresa en la misma línea: “realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando sus santa alianza y el juramento que hizo a nuestro padre Abrahán”(Lc 1,72-73). Es la percepción gozosa del “Enmanuel” (Is 7,14d). Dios con-nosotros y como nos recuerda San Pablo: “Si Dios está de nuestra parte, ¿quién estará en contra? (Rm 8, 31). Dios con nosotros y de nuestra parte, este es el fundamento de nuestra alegría.
 
 
MENSAJE Y VIDA
 
1º.- ¿Cuidado con la increencia en el seno la Iglesia? de los que sustituyen a Dios por el propio yo, aunque todo lo que realizan lo hacen en nombre suyo. Ésta se manifiesta principalmente en diversas formas de fundamentalismo, y todas ellas tienen la misma raíz: la desconfianza en la soberanía de Dios, que actúa “como quiere, donde quiere y cuando quiere”; su consecuencia inmediata: la consecución de sus objetivos personales y la imposición de sus criterios a costa de lo que sea. Señalaré  tres que se dan con bastante frecuencia: la primera y la segunda de forma consciente: es la actitud delirante y sibilina del “carrerismo” y la ceguera del “clericalismo”: los que se sienten superiores a la comunidad, insensibles a las verdaderas necesidades del prójimo, ambas denunciadas con frecuencia por el Papa Francisco; la tercera de forma inconsciente: cuando enmascaramos la propia indigencia, la carencia de seguridad personal poniéndonos a nosotros mismos en el centro de la misión  pastoral que se nos encomienda. El ejemplo del interrogatorio a Juan es una llamada a la lucidez espiritual que nos hará fieles y humildes, abiertos a la permanente novedad del Señor, que siempre nos sorprende; a vivir con alegría nuestro ministerio con alma de servicio y entrañas de misericordia en el lugar que nos toque en cada momento de nuestra vida, siendo muy conscientes que todo lo bueno de nuestra misión es el Espíritu Santo el que lo realiza. Esta actitud es fuente de serenidad y alegría espiritual: “sea el Señor tu delicia y él te dará todo lo que pide tu corazón” (Sal 36).
 
2º.-Nuestro ministerio es hermoso y sorprendente, Dios nos ha hecho testigos de la Luz que ilumina todas “las tinieblas y sombras de muerte” (Lc 1,79); somos la voz de la Palabra creadora del mundo que anuncia el amor incondicional de Dios a toda criatura; su Palabra resuena también de un modo especial, en nuestra voz cuando pronunciamos las palabras de la institución de la Eucaristía; somos en definitiva, sacramento de su presencia en todo nuestro ser y actuar, y en nuestra misión, encontramos como el Bautista nuestra alegría colmada.
 
3º.- Esto es lo que anunciamos y queremos compartir con todo el mundo en este domingo de Gaudete: alegría inmensa porque el Señor está cerca. Nos lo ha recordado San Pablo en la segunda lectura: “Hermanos estad siempre alegres. Sed contantes en orar.” (1Tes 5,6). Y lo mismo la antífona de entrada de la Eucaristía: “Estad alegres en el Señor, os lo repito estad alegres. El Señor está cerca” (Flp 4, 4). Toda la Iglesia canta hoy con María:” se alegra mi espíritu con Dios mi Salvador” (Lc 1,47), porque ha mirado nuestra indigencia y necesidad y viene colmarla; para enriquecernos con esa alegría que nuestros corazones anhelan y que sólo él nos puede dar.
 
4º.-Esta alegría que es don de Dios, no es como la alegría del mundo, que nos lleva de la euforia a la depresión, según las circunstancias; ésta permanece siempre que mantenemos la lealtad con Dios y con nuestros hermanos. No es fácil de describirla, pero lo intentaré con la conciencia de que será sólo un pálido reflejo de esta experiencia admirable: es un equilibrio emocional y afectivo que transciende todo estado de ánimo: me sienta bien o mal; todas las circunstancias históricas: éxitos o fracasos; la conciencia de estar en las manos providentes de Dios; la serena certeza de que nada ni nadie nos puede apartar del amor de Dios (cf Rm 8, 35); la experiencia humilde de saber que: “Si Dios está de nuestra parte, ¿quién estará en contra? (Rm 8,31).
 
 
ORACIÓN
 
Señor, “tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios” (Sal 62,6), tú siempre estás conmigo alegrando mi vida, pero cuando me despisto y te doy la espalda se va la luz de mis ojos y mi vida se vuelve anodina y sin sentido; concédeme la gracia de la fidelidad, de caminar siempre en tu presencia con lealtad para irradiar la luz de tu alegría a todos mis hermanos. Amen
 
José Mª Huerva Mateo
Diócesis de Barbastro-Monzón