Domingo 2º T.O. - C. 2022

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Estudio de Evangelio. Antonio Gutiérrez Domínguez, diócesis de Granada

 
16 enero 2022. BODAS DE CANÁ. EPIFANIA DE JESUS: Jn 2, 1-11
 
El evangelista s. Juan tiene una manera muy peculiar de expresar a través de signos. En este pasaje nos presenta a Jesús como uno más en unas bodas de un pueblo pequeño mezclado entre la gente, siempre en un contexto sencillo.
 
 La Gloria que Jesús manifiesta será siempre desde lo cotidiano, lo pobre, lo humilde…pasando por uno de tantos (Flp 2,7). De tal manera que quien pretendiese hacer una interpretación literal de este pasaje sería totalmente desacertado, presentado a un Jesús milagrero que hace portentos.
 
De todos es ya más que sabido que Jesús quiere manifestar su gloria, su amor a la humanidad en el contexto de una alianza de amor, de unas bodas con un gran banquete.
De igual manera sabemos que esas tinajas de piedra son símbolo de que se está terminando la antigua alianza con el pueblo de Israel  y  María, su madre, se lo manifiesta. Ella como la Hija de Sión espera la llegada de la verdadera y definitiva alianza que será sellada en la cruz.
 
Jesús nos presenta el Reino de Dios como un festín de manjares suculentos, de vinos de solera… (Is 25, 6-10)
 
Lo que ocurre en Caná preanuncia las bodas de la Cruz (19,25-27) y de la mañana de Pascua (20,1-18): El propio autor nos ha revelado su intención al terminar su propio relato.
 
Con todo ello, este pasaje de las bodas de Caná declara que el judaísmo está caducado; y, con él, la religión. De hecho, a continuación, el evangelio presentará a Jesús entregando  su Espíritu, su misericordia entrañable, el mejor vino.
 
El mismo esposo es Jesús que hace realidad lo anunciado por el profeta  Isaías en la primera lectura: “Como se regocija el marido con su esposa, se regocija tu dios contigo” (Is 65,5)
 
Me surgen muchos interrogantes a raíz de esta nueva relación con Dios, basada en el amor, la alegría, la fiesta del banquete…¿qué le pasa a nuestra fe cristiana hoy que tantas veces le falta vino?, ¿por qué tanto desánimo muchas veces manifiesto? .... para los alejados, los pobres, los excluidos de la historia, los enfermos, los jóvenes o no tan jóvenes sin horizonte de sentido. ¿Realmente la fe en Cristo, la propuesta del Reino que les presentamos es atractiva, alegre, gozosa, llena de plenitud?
 
Creo que nos falta mucho vino, nos falta mucho del Espíritu de Dios.
 
El Papa Francisco advierte de un peligro que puede causar la falta de alegría: «El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien». EG 1.2
 
Posiblemente los odres de piedra, lo hecho por Dios hasta ahora en orden a nuestra plenitud sigue teniendo sentido solo si se llena del Espíritu de Dios (En referencia a las instituciones tan necesarias…).
 
Pido a Jesús pobre y humilde, reflejo del amor del Padre que podamos encontrarnos con El, un encuentro que nos traiga la verdadera alegría, la alegría para la que fuimos creados, que Él sea el centro de nuestra vida, que seamos como los sirvientes (1Cor 12,4-11), cada uno según el carisma que Dios  le dé, de tal manera que sepamos llevar el vino nuevo del amor y la alegría a los pobres y desvalidos, a los que sufren. Que no falte este vino nuevo a nadie; que en esta fiesta de la vida nadie se vea excluido; que realmente sea el proyecto de Jesús de una nueva humanidad de hijos y hermanos; que pueda ser una realidad en el hoy, para nosotros y la humanidad entera.
 
Antonio Gutiérrez Domínguez
Párroco de S. Isidro –Granada.