Domingo 19º T.O. - C_2022

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Estudio de Evangelio. Ramón Bayarri Palau, diócesis de Valencia

 

7 agosto 2022. LUCAS 12, 32 – 48  

  

En el ambiente en que me muevo, escucho a gente comprometida con su fe, tanto jóvenes, como mayores que hablan de una cierta sensación de agotamiento, de un cansancio profundo, y a veces incluso de la crisis que les provoca tener que vivir permanentemente en la tensión de que “el momento crucial” les puede llegar en cualquier instante. Por eso este pasaje de Lucas puede aumentar esta sensación de cansancio. Y aunque la vigilancia es buena y recomendable porque cuando menos lo esperamos se nos puede venir encima el final de nuestros días, a los cansados y agobiaos les podemos transmitir de parte de Jesús tres ideas que tienen que ver con la actitud fundamental que Él pide, que no es en ningún caso la de agobio, que es justo una de las posturas que Él quiso sanar:

  

Tened ceñidas las cinturas. En la época de Jesús y entre sus paisanos, era fácil saber qué iba a hacer alguien que llevase la ropa ceñida, bien sujeta al cuerpo, en lugar de una amplia túnica. Llevaba ropa de trabajo. El amplio vuelo de la ropa de paseo molestaba para realizar cualquier trabajo.

    Lo primero a interiorizar en la propia vida es una actitud ante situaciones que exigen implicación que nos lleve a remangarnos, subirnos bien las mangas o los camales pera ponernos “manos a la obra”.

    Los cristianos sentiremos la misma tentación que otros ciudadnos ante los problemas ajenos: la de bajarnos la visera de nuestra gorra o el ala del nuestro sombrero para que nuestros ojos no vean la necesidad del que tenemos enfrente o al lado… pero en lugar de hacerlo, nos subiremos las mangas y arrimaremos el hombro.

    Pretendemos pasar de largo ante el que duerme acurrucado en los pocos cajeros automáticos, que quedan, de los bancos o debajo de los puentes, o viviendas abandonadas, pero en lugar de hacerlo, agachémonos a auxiliar al marginado por la sociedad y en cierta parte por nosotros.  Nos agobiamos ante el telediario de turno que nos muestra el dolor que provocamos a los más despreciados con nuestras actitudes egoístas. Pero en lugar de quedarnos impasibles ante la T.V. o la radio, salgamos a buscar qué hacer y donde.

   No se trata de vivir en el agobio, pero sí de no ceder a la pereza ni a la falta de implicación.

  

Tened encendidas las lámparas. Se trata de no dormirse en los laureles. Y por eso Jesús nos avisa de una segunda actitud que hay que tener presente, sin agobios, pero conscientes de que ser cristiano no es algo a lo que se le dedican espacios de tiempo de 30 minutos o 4 horas al día.

   Tener encendidas la lámpara, en la época de Jesús implicaba en noches sin luna algo tan sencillo como ver o no ver. Hoy nosotros sólo notamos la oscuridad cuando falla el fluido eléctrico o cuando el sistema de alumbrado público se viene abajo.

    Y nos pasa a menudo algo parecido en nuestra vida: que nos damos cuenta de lo confiados que vivimos cuando nos ha pasado de largo o no nos ha afectado alguna situación en la que no hemos tenido la agilidad suficiente para reaccionar. Hay que estar dispuestos a colaborar, pero, además, necesitamos también abrir los ojos a lo que nos rodea, vigilar, buscar, escudriñar…. que el empeño por construir el Reino de Dios no consista solo en que hechos clamorosos, situaciones extremas, nos griten pidiendo auxilio, sino posicionarnos en la vida con un ojo avizor, buscando qué podemos transformar para ser –y hacer a los otros- felices

  

Dichosos los criados a quien el Señor, al llegar lo encuentre en vela. Es bueno y recomendable, la vigilancia, porque cuando menos lo pensamos se nos puede venir encima el final de nuestros días. Pero también es cierto que ni es bueno vivir en constante tensión, ni es recomendable organizar la propia vida en función del premio que nos pueden dar después de la muerte. Semejante conducta es mezquina. El que piensa demasiado en el “otro mundo” tiene el peligro de desentenderse de asuntos importantes de “este mundo” y eso puede ser una forma de autoengaño que no beneficia a nadie

    Conviene caer en la cuenta de la insistencia del Evangelio en el tema del banquete de bodas: la mesa compartida, el gozo y la alegría de verse entado en una mesa bien preparada y servida, nada menos que por el Señor. Jesús insiste en lo que hace más felices a las personas. ¿Por qué no hacer nuestra su insistencia? ¿Por qué la pasividad generalizada de los cristianos es uno de los obstáculos más importantes para impulsar la transformación que necesita hoy la Iglesia? ¿Cómo valorar, cuidar y agradecer el despertar de una nueva conciencia en muchos laicos y laicas que viven su adhesión a Jesús y su pertenencia a la Iglesia de un modo lúcido y responsable?