Domingo 20º T.O. - C_2022

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Pauta para un Estudio de Evangelio. Josep Maria Romaguera Bach, diócesis de Barcelona

Estudio de Evangelio. Ramón Bayarri Palau, diócesis de Valencia

 

14 agosto 2022. LUCAS 12, 49 – 53  

  

  En ocasiones el lenguaje de la Biblia es duro; nos desconcierta. No es como el que usamos nosotros. No intenta contentar a nadie. Dios no habla en vano y para que las cosas sigan como siempre han sido. Su palabra nos afecta a cada uno y nadie puede decir, cuando la escucha, que es para otros.

  

   Hoy por todas partes se nos quiere vender y a buen precio la felicidad. Pero los cristianos, si queremos ser fieles al Evangelio de Jesús, no nos podemos apuntar a la oferta que nos hacen por todas partes, porque sabemos que el camino que conduce a la felicidad y al gozo de vivir, es otro. La sociedad en general llama: dichosos a los ricos, a los que tienen, a los que son bien vistos y considerados, y el Evangelio dice: dichosos los pobres, los humildes, los perseguidos porque defienden la justicia….

   

   Para nosotros, sobre el mal, llámese egoísmo, ambición, individualismo, envidia…, nada se puede construir, porque lleva a la destrucción. La felicidad llega por el camino del esfuerzo por construir una sociedad justa y libre, por revelarse contra toda clase de sufrimiento producido por el egoísmo… un camino duro pero alentador. En este camino por conseguir el bienestar de todos, debemos tener una capacidad de resistencia infinita y no nos podemos cansar ni perder el ánimo.

   

   Debemos tener el aguante, la resistencia y el temple de los profetas y de los grandes cristianos de nuestra Iglesia, cuya vida, la mayoría de las veces, no ha sido precisamente un oasis de paz. Gente que ha luchado por la justicia en los países de Latinoamérica, de África, de Asia entre los que recordamos a Oscar Romero, Ignacio Ellacuría y compañeros, Enrique Angelelli, Carlos Ponce de León y a todos los que forman una inacabable lista de anónimos luchadores por la fidelidad al Evangelio. Han tenido que ir contra corriente, contra el ambiente social, contra sus propias inclinaciones y muchas veces contra el deseo de sus propias familias o sus propios padres.

  

   ¿Por qué un cristiano con fundamento siempre resulta incómodo? ¿Por qué Jesús y su Evangelio son como una espuela, como una piedra en el zapato y los cristianos también? Jesús llama a cada cosa por su nombre, no utiliza la diplomacia, ni la mano izquierda, y no tiene miedo.

 

    Nosotros muchas veces, aún conscientes de injusticias y atropellos, preferimos  que todo siga igual en aras de una falsa paz, antes que remover los problemas. Ante una enfermedad grave, no podemos ir con paños calientes. Hay que afrontarla, aunque para eso haya que sufrir un poco. De lo contrario, ella misma irá trabajando hasta que sea demasiado tarde.

 

    Por eso, no hay que tener miedo a las discusiones, a expresar claramente nuestras posturas. En las tinieblas hay que poner luz, aunque ésta descubra cosas desagradables. Y el hecho de que la luz las descubra, no quiere decir que sea la causante.

 

    Es preferible que se den momentos de tensión en los grupos, en las parroquias, en las diversas instituciones cristianas, para que afloren realidades, que de no ser así, nunca se conocerían, a que todo siga en una aparente calma.

 

    Ahora estamos disfrutando un excesivo calor, un calor que agobia, que todo lo agota, que cuartea la tierra. A nivel social y también eclesial hay momentos, países e instituciones en los que sucede lo mismo. Y la Iglesia actúa de tapa fuegos. Es una buena tarea, siempre que no se apague las justicia y la fuerza del Espíritu.

 

    La vida de los cristianos defensores de causas justas y nobles, no será precisamente un oasis de paz. La incomprensión, la difamación, la crítica, el perder amistades, el sentirse marginado, solo…, son lagunas de las consecuencias de vivir la fe al estilo Jesús.

 

    Por otra parte, si nuestra fe es verdadera, no se puede vivir de otra manera. Sólo si actuamos de cara a la galería, a la aprobación y al aplauso de los demás, nos afectarán estas situaciones. Pero si tenemos los ojos fijos en Jesús y sólo nos mueve su espíritu, seguiremos adelante y no lograrán hundirnos.

 

    Llama la contundencia de Lucas en este pasaje, en el que habla de la división y el enfrentamiento en la familia por causa de la fe en Jesús y es que así debió de ser en los comienzos del cristianismo. Unos queriendo mantener la situación anterior y otros incorporándose a la nueva. ¡Cuánto haría sufrir esto a muchas familias! Lo mismo que hoy sucede cuando los hijos, o alguien cercano, vemos que van por otros caminos distintos a los nuestros, muchas veces incomprensibles, y a veces, creemos que destructivos.

 

   No todos estamos dispuestos a seguir el camino de Jesús. De ahí la división que la ética de Jesús introduce entre los que en teoría tendrían que estar más unidos. La fuerza del Evangelio divide a los que no están dispuestos a seguirla de aquellos que la siguen. Las armonías superficiales no cuadran con la fe en Jesús.

 

    En una sociedad tan tolerante y permisiva, corremos el riesgo de pensar que todo vale, que todo está bien, que da lo mismo una cosa que otra, en aras al respeto y a la convivencia. Si actuamos así, estaríamos cometiendo un grave error.

 

    Nunca podremos renunciar los cristianos al gran sueño de Dios, nuestro Padre: un mundo más justo, más fraterno y en paz. Pero para eso, hay que combatir con las armas del diálogo, de la no violencia. De lo contrario, traicionaríamos el espíritu de nuestra fe, el Espíritu de Jesús. Por eso, la vida de los cristianos en la sociedad, no podrá ser nunca un oasis de paz.

 

    Si leemos con atención y meditamos las palabras de Jesús, ¿podemos los cristianos, sus seguidores, perder la confianza y el aliento? ¿Por qué nuestra sociedad está necesitada de testigos vivos que ayuden a las personas a seguir creyendo en el amor? ¿crees que hay porvenir para las personas si pierden la fe en el amor?