Domingo 26º T.O. - C. 2022

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Estudio de Evangelio. Manolo Rodicio Pozo, diócesis de Ourense

Nos ponemos a la escucha del Señor que nos habla. Nos interesa escucharle no sólo por lo que dice, sino porque Él mismo se nos manifiesta a través de sus palabras: conocerle más, para amarle mejor y así alcanzar Vida plena, es nuestro afán.

 

25 Septiembre 2022.  Lc 16, 19-31

El rico y el pobre Lázaro. Hoy escuchamos una nueva historia, dirigida a los fariseos que representan a todos los que ponen el dinero por encima de todo (Lc 16,14)
 
1. Una situación: Un rico y un pobre.
 
Bien definidos en el relato: “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas” (vv. 19-21) Mendigo y rico de ayer. El rico no tiene nombre. El pobre se llama Lázaro.
 
Muchos nos ayudaría ponerle nombre a los “lázaros de hoy”: los que se mueven por desiertos africanos y las profundas aguas del Mediterráneo, para alcanzar tierra prometida; los que atraviesan la América pobre buscando la hartura del norte bloqueada por hombres armados y muros con alambres de espinos… Pero pensemos en los “lázaros de la puerta de al lado”: ancianos sin familia u olvidados, personas destrozadas por la droga que apenas sobreviven pidiendo una monedita, inmigrantes hacinados en pisos pateras… deseos de migajas de fraternidad…
 
¿Y ricos de hoy? Ricos sin nombre hay muchos en la sociedad. Gente que derrocha dinero de manera ofensiva... Quizá, a veces, también yo y otra gente de iglesia... que como el rico del evangelio vemos pero ni siquiera caemos en cuenta. Nos acaba por parecer normal esa situación y por eso hasta tenemos dificultad para permitirles acceder a la migajas que caen de nuestra mesa.
 
2. Pasado este mundo se muestra la “justicia divina”
 
La forma de ver de Dios es absolutamente contraria a la del mundo y se manifiesta en este momento. “Murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno…” (vv. 22-23) La razón de su destino, se la dice el Padre Abraham al rico, “[es que tú] recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado” (v. 25)
 
Pasada esta vida, Lázaro accede a la felicidad por ser pobre y haber sufrido. Es curioso que no se habla de que Lázaro fuese bueno. Del rico sí sabemos que no facilitaba que el pobre se saciase de las sobras que caían de su mesa.
 
3. Una guía para saber conducirse en esta vida: La Palabra de Dios.
 
Ante la insistencia del rico de que avise de esto a su familia, la respuesta del Padre Abraham es contundente: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen… Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto” (vv. 29-31)
Moisés y los profetas son la Escritura, la Palabra de Dios. En ella ayer y hoy encontramos respuesta. Mejor: encontramos al Señor… que nos hable.
 
Dame, Señor, tu sabiduría que me invita a vivir sencillamente, desprendido del dinero y de todo lo que me aparta de ti, sabiendo estar atento a tantos “lázaros” que tengo a mi lado y dejándome guiar siempre por tu Palabra.