Domingo 33º T.O. - C _2022

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Pauta para un Estudio de Evangelio. Josep Maria Romaguera Bach, diócesis de Barcelona

Ahora no es el momento de preocuparse de si esto se acaba o no se acaba. Es tiempo de seguir a Jesús, no de buscar las seguridades en la Ley (Lc 10,25ss) o en el dinero y las posesiones (Lc 18,18ss). Es tiempo “de dar testimonio”. Es tiempo de confiar que Jesús no abandona nunca al discípulo en el camino. Es tiempo de acoger la salvación, que se nos da hoy, no al final: "Anda y haz tú lo mismo que aquel samaritano" (Lc 10,37); "vende todo cuanto tienes y distribúyelo a los pobres –y tendrás un tesoro en el cielo–; luego, ven y sígueme" (Lc 18,22).

 

13 noviembre 2022. Evangelio según Lucas (21,5-19)

En aquel tiempo, 5 algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:

6 –Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.

7 Ellos le preguntaron:

–Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?

8 Él contestó:

–Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca”; no vayáis tras ellos. 9 Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.

10 Luego les dijo:

–Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, 11 habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.

12 Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. 13 Así tendréis ocasión de dar testimonio. 14 Haced propósito de no preparar vuestra defensa, 15 porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. 16 Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, 17 y todos os odiarán por causa mía. 18 Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; 19 con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

 

1

Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer

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Anoto algunos hechos vividos esta última semana

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Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo

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Ahora anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...

¿Qué situaciones vivo de pérdida, de muerte... en mí y en mi entorno?

5

Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...

¿A través de cuales de estos hechos y personas descubro que las pérdidas–muerte no son el final? ¿Qué testimonio doy de esta esperanza?

6

Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)

7

Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

 

Notas por si hacen falta

 

Notas para seguir el hilo del Evangelio

 

  • Seguimos acompañando a Jesús en su estancia en Jerusalén antes de la pasión, muerte y resurrección.
  • El texto de hoy está centrado en el templo de Jerusalén, lo cual permite que podamos seguir perfectamente el hilo de la obra de Lucas a pesar de que la liturgia omita algunos versículos, entre los cuales el pasaje de la viuda que da todo lo que tiene como limosna (Lc 21,1-4). Lucas nos pone a cada uno delante del momento definitivo, el momento que define quiénes somos, cómo somos, qué opciones tenemos...

 

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

 

  • Jesús anuncia la destrucción (6) del segundo “templo” (5) de Jerusalén viendo bastante adelantados los trabajos de reforma y embellecimiento. Por todo lo que el templo significa, lo que dice Jesús choca mucho.
  • El templo era, para los judíos, lugar de la presencia de Dios –y, por lo tanto, de encuentro con Él–. A partir de ahora, en cambio, el lugar de la presencia de Dios y de encuentro con Él es Jesucristo, luz para alumbrar a las naciones (Lc 2,32). Los discípulos, unidos a Él, somos también lugar de este encuentro, piedras vivas, templo del Espíritu (1Pe 2,5).
  • Lucas aprovecha el sitio y la destrucción de la ciudad y del templo –cosa que sucedió en el año 70 dC– para poner en boca de Jesús el anuncio de que ni la muerte destruye el nuevo templo. Lucas pone esta conversación a las puertas de la Pascua: Jesús ha llevado a cabo la dura subida a Jerusalén, y está a punto de sufrir la muerte, y resucitará. Los discípulos, viviendo con “perseverancia” (18-19) su camino, su propia subida (12-17), tampoco serán destruidos.
  • El discípulo es llamado a vivir el hoy, siguiendo el camino de Jesús a Jerusalén y asumiendo las dificultades y las angustias del tiempo presente, el tiempo de la Iglesia.
  • Así como los primeros cristianos vieron la destrucción del templo (6) –cuando Lucas escribe ya ha sido destruido– y comprobaron que el final no había llegado (9), los cristianos de todos los tiempos tenemos que disponernos a vivir en medio de las adversidades y persecuciones (12), incluso con el dolor de la posible traición de familiares y amigos (16) y de ser odiados por “todos” (17). En el mundo que nos rodea (10-11) y en nosotros mismos tendremos siempre la experiencia de la pérdida, de la destrucción y de la muerte. Pero, al mismo tiempo, tenemos la experiencia de Cristo resucitado, que nos salva la vida (19).
  • Estas palabras de Jesús son una segunda respuesta a aquel maestro de la Ley (Lc 10,25ss) y a aquel hombre importante y rico (Lc 18,18ss) que, a lo largo del camino de subida le habían preguntado: ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
  • Ahora no es el momento de preocuparse de si esto se acaba o no se acaba. Es tiempo de seguir a Jesús, no de buscar las seguridades en la Ley (Lc 10,25ss) o en el dinero y las posesiones (Lc 18,18ss). Es tiempo “de dar testimonio” (13). Es tiempo de confiar que Jesús no abandona nunca al discípulo en el camino (15). Es tiempo de acoger la salvación, que se nos da hoy, no al final: Anda y haz tú lo mismo que aquel samaritano (Lc 10,37); vende todo cuanto tienes y distribúyelo a los pobres –y tendrás un tesoro en el cielo–; luego, ven y sígueme (Lc 18,22).