Jesucristo, Rey del universo - C _2022

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Estudio de Evangelio. Ángel Rivas Fernández, diócesis de Ciudad Real

 

20 noviembre 2022. Lc 23,35-43

Cuando hablamos de reyes, de reinar, enseguida  nos viene a la cabeza los reyes humanos. Los reyes, que vemos en la televisión o en las páginas de los periódicos y revistas,  que están un escalafón por encima de las demás personas. Además requieren que les des pleitesía y que cumplas un estricto protocolo. Éstos no pasan ninguna necesidad y se pueden permitir todo tipo de caprichos. Sin embargo, la forma de reinar de Jesús es muy diferente.
 
Jesús reina, cuando no responde de la misma forma ante los que se burlan de él; sino que calla y no dice nada. Él sabe que no es el camino, entrar en la misma dinámica, de los que utilizan la violencia verbal para humillar y menospreciar a las personas. Reinar para Jesús no es quedar por encima de los otros a toda costa, para salirme con la suya, sino abajarse. Jesús es Rey, cuando aguanta la violencia, para que ésta no siga creciendo. Él no entiende el reino, poniéndose en el centro de todo, ni salir airoso del peligro, huyendo de la quema, como si no le importara lo que le pasa a los demás.
 
Un letrero nos indica la realeza de Jesús. Pero no vemos una corona de oro, sino de espinas, no vemos un trono de terciopelo, sino una cruz. Tampoco hay un cetro en sus manos, sino que están clavadas en la cruz, porque no quiere avasallar a nadie. Es un Rey que no deslumbra por las riquezas, que no quiere crear distancias, que no pretende dominar, sino solo amar. Jesús nos muestra que reinar no consiste en darse publicidad, en que se enteren en cada momento de quién eres, sino en vivir lo que realmente eres. Por tanto, no es empeñarse en defenderse de todo y de todos, sino en todo caso, que otros lo hagan, cuando sea preciso.
 
Jesús es Rey porque no olvida a ninguna persona, ya que todas están en su mente y en su corazón. Incluso aquellas que han tenido una vida dispar del Evangelio. En definitiva, Jesús es el verdadero Rey, porque nos ofrece su compañía, disfrutar de su presencia, de su misma vida en el paraíso.