Jesucristo, Rey del universo - C _2022

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Pauta para un Estudio de Evangelio. Josep Maria Romaguera Bach, diócesis de Barcelona

Llegamos al último Domingo del año litúrgico. Contemplamos a Jesús victorioso sobre el mal que lo ha clavado en la Cruz. Misterio de la fe

 

 

20 noviembre 2022. Evangelio según Lucas (23,35-43)

En aquel tiempo, 35 las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: 

–A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.

36 Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre 37 y diciendo: 

–Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.

38 Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.»

39 Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:

–¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.

40 Pero el otro lo increpaba:

–¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? 41 Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.

42 Y decía:

–Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.

43 Jesús le respondió:

–Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.

 

1

Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer

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Anoto algunos hechos vividos esta última semana

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Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo

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Ahora anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...

Me fijo especialmente en cómo Jesús rompe las dinámicas injustas que existen en las relaciones humanas. Y miro a mi alrededor para identificar estas dinámicas. Me pregunto cómo colaboro con Jesús a romper el sistema injusto y a construir el Reino.

5

Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...

Frente al ruido que provoca la injusticia, ¿qué testimonios conozco de personas que responden con un compromiso real, aunque quizás en silencio?

6

Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)

7

Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

 

Notas por si hacen falta

 

Con Jesús llegamos al final del camino. Y terminamos el año litúrgico

 

  • El año litúrgico termina con este domingo llamado de “Jesucristo, Rey del Universo”. Y el nuevo año litúrgico, con el ciclo A de lecturas, comenzará con el primer domingo de Adviento, el próximo domingo.
  • La palabra “rey” (37-38) aplicada a Jesús viene de los mismos evangelios. Otros lugares del evangelio de Lucas donde aparece, además del texto de hoy (42), son: 19,27.38; 23,2-3. Y siempre es una referencia al mensaje de Jesús sobre el Reino de Dios (Lc 4,23; 6,20 ...).
  • Ha habido épocas en la historia de la Iglesia en que se ha dado mucho relieve a esta terminología, por razones de poder. Por otra parte, la monarquía es una institución hoy en día anacrónica, lo cual nos obliga a dar un salto histórico para poder asumir estos términos cuando los leemos en el evangelio y poder hacer así una interpretación adecuada.
  • Nombres aparte, este último domingo del año litúrgico quiere tener un tono especial acentuando que Jesús es el centro de nuestras vidas: Él ofrece el Reino de Dios a tota la humanidad y se ofrece él mismo como referente, como Aquél a quien podemos seguir para formar parte de este “Reino” (42).

 

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

 

  • A lo largo de todo su evangelio, Lucas ha ido anunciando que Jesús es el “Mesías” (35.39) esperado por el pueblo de Israel, o el “rey de los judíos” (37-38) –título directamente relacionado con el Mesías–, o “el Elegido” (35) –título que está relacionado con el Siervo sufriente (Is 49,7)–. En la obra de Lucas, los ángeles proclaman que Jesús es el Mesías (2,11), los demonios lo saben (4,41), los discípulos lo confiesan por boca de Pedro (9,20) y los dirigentes del pueblo –lo vemos aquí (35)– rechazan que lo sea.
  • En esta escena se pone de manifiesto claramente cual es la realeza de Jesús, cual es su mesianismo, para qué lo ha “elegido” el Padre: su entrega total es la máxima expresión del amor misericordioso del Padre, como anticipaba la parábola (Lc 15,11ss).
  • La muerte de Jesús no deja indiferente a ninguno de los personajes que el evangelista describe: “el pueblo” está mirando (35); “las autoridades” se burlan (35); “los soldados” lo escarnecen (36-37); de los dos “malhechores”, el primero lo tienta de manera parecida a las autoridades y los soldados, pero desde la situación de víctima de una ley que hace pagar según las obras (39); el otro malhechor reconoce la realeza de Jesús y manifiesta la fe en su resurrección (42).
  • En el diálogo con los dos “malhechores” (39-43) encontramos cual es el estilo de este “rey” tan extraño que es Jesús: un estilo no basado en la ley de ‘donde las dan, las toman’ sino en la gratuidad. Una gratuidad que llega al extremo (Jn 13,1). Descubrimos la inmensidad del amor de Jesús –y del Padre– por aquellos a quienes la humanidad rechaza, por los últimos, por los condenados por una ley que premia o castiga las obras de cada uno (41). Así, Jesús rompe una dinámica que, a causa del pecado, estaba inscrita en las relaciones humanas.
  • El poder real y mesiánico de Jesús es éste: perdonar los pecados, dar “el paraíso” a quien quiera acogerlo en su vida, ahora y aquí, “hoy” (43), ofrecer el don de la salvación superando todos los límites, también aquellos que vienen del pecado y el límite que marca la muerte.
  • Dios nos hace este don “hoy” (43). Es “hoy”, en el día a día de nuestras vidas, que somos salvados por la muerte y resurrección de Jesucristo. Una Pascua actualizada permanentemente en la Eucaristía.
  • Contemplar a Jesús en la cruz, y decir –quienes creemos en su resurrección– que esta víctima de la injusticia reina –es un “rey”–, es una manera de proclamar que ha triunfado sobre el mal poniendo en evidencia que su poder –el del mal– de arrastrar a la humanidad una y otra vez a la violencia, ha sido vencido. Contemplar la Cruz nos libera de responder a la violencia con más violencia.
  • En la muerte injusta de Jesús también podemos contemplar el silencio de Dios. Es el mismo silencio que hay ante cualquier muerte de tantas personas víctimas de la injusticia. Jesús se manifiesta como Dios en esta situación. Ante la injusticia, la palabrería sobra. Y el silencio es eficaz. Porque la respuesta a la injusticia no son las palabras, sino la entrega, la lucha, el compartir la cruz de los crucificados: compartirla sin matices y con todas las consecuencias.