Domingo 1º Adviento A _2022

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Estudio de Evangelio. Francisco Diz-Lois Ruiz, diócesis de Sevilla

 

27 noviembre. Mt 24,37-44
 
"Ya no espero nada. Después de perder el trabajo, la familia, la salud, la dignidad, cómo puedes decirme que debo esperar algo. Espero al que me desahucie, a que me corten la luz o el agua". Todo esto nos lo dicen aquellos que reciben ayuda desde la Parroquia.

El esperar se ha convertido en una manera de anuncio de malas noticias, todos son problemas o dificultades, o peor aún sentir el abandono de familia o amigos que no pensabas que te abandonarían. Y es que cuando todo lo que se escucha es malo nos suena a lo de tiempos del diluvio de Noé, donde todo nos ahoga. Y es en ese momento cuando nos tenemos que acordar de que tenemos que abandonar lo que nos hunde y acogernos a lo que flota, el Cristo que anda sobre las aguas. No llenarnos de muerte, de negatividad, sino de vida.
 
En tiempos de Jesús estaban esperando la llegada del Mesías, el liberador de lo opresores romanos, y llegó Jesús, que nos libera no tanto de los otros, sino de ver la vida de una forma gris y pasar a reconocer el reino de Dios. Jesús no esperó al Mesías, no esperó al Salvador, no esperó un milagro, él se vio como tal, reconoció en él la mano de Dios que lo bendecía, lo acompañaba. Y desde ese punto de vista ya sabemos lo que tenemos que esperar. El darnos cuenta quienes somos, quién está con nosotros para nacer, desde la perspectiva de Jesús. Nosotros somos el cambio, no debemos esperar que sea otro el que cambie las cosas. Debemos darle oportunidad al futuro. Es fácil perder la esperanza, lo milagroso es volver a vivir. Nosotros somos el milagro que trasforma la realidad. Y para ello tenemos que tomar distancia de tanta información falsa, errónea, u orientada para unos fines determinados. Tenemos que estar atentos en una realidad donde todo nos quiere llamar la atención, necesitamos tranquilidad, silencio, reconquistar nuestro espacio que está constantemente invadido, seleccionar la información que recibimos, sentirnos libres en nuestros pensamientos y decisiones. Entonces podremos estar atentos a lo importante, no antes. Cuando sabemos quiénes somos, empezamos a saber lo que debemos buscar. Jesús reconquistó su espacio, fuera de codicias, intereses, egoísmos, el esperó a hacerse uno con Dios.
 
En este tiempo de Adviento que comienza, volvamos a nacer de nuevo, volvamos a descubrir al ser humano como centro de la creación. Un abrazo a tod@s