Josep María Romaguera Bach. Diócesis de Barcelona
El debate que encontramos en el Evangelio de este próximo domingo, entre Jesús y los discípulos, ya se había producido de modo parecido después del segundo anuncio de la pasión (Mc 9,33-37). Lo veíamos hace algunos domingos: "Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos" (Mc 9,35). La actitud de servicio desinteresado y generoso tiene que marcar la vida de los cristianos; esta es una norma básica para las relaciones comunitarias. Ahora Jesús lo remarca ante la posibilidad de convertir la Iglesia en una institución con mecanismos calcados de los “jefes de los pueblos”. Y advierte que el ejercicio de la autoridad en el grupo de los discípulos es una tarea que no tiene nada que ver con el poder o el prestigio sino todo lo contrario: solo puede ser reconocida la autoridad de quien sirve como Jesús ha servido: “dando la vida”. Dicho de otra manera: Jesús resucitado quiere seguir sirviendo de la misma manera que lo hacía hasta su Pascua: haciéndose “esclavo de todos”, viniendo “no para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”.
Pauta para el Estudio de Evangelio personal o compartido en grupo
1. Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer
2. Anoto algunos hechos vividos esta última semana
3. Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo
4. Anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...¿Qué aprendo acerca de las relaciones eclesiales, sobre la manera de ejercer las responsabilidades que tengo asumidas en la comunidad (parroquia, movimiento...), etc.?
5. Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...¿Qué testimonios he tenido de personas al servicio desinteresado “de todos”?
6. Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)
7. Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...
Notas por si hacen falta
Notas para seguir el hilo del Evangelio
- Siguiendo a Marcos, entre el último versículo del pasado domingo y estos de hoy, hay otros tres (Mc 10,32-34) que tienen su interés. En primer lugar, porque nos recuerdan que Jesús y quienes lo siguen caminan hacia a Jerusalén: Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban y los que seguían iban asustados (Mc 10,32). En segundo lugar, porque Jesús anuncia su Pasión y Resurrección por tercera vez (Mc 10,33-34).
- El texto de hoy, entonces, hay que situarlo en este contexto. Lo que Jesús va haciendo y diciendo en su subida a Jerusalén provoca reacciones diversas entre los discípulos: sorpresa, miedo (Mc 10,32) y, ahora, expectativas de que el Reino de Dios está a punto de ser instaurado (37).
Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio
- La petición de Santiago y Juan (35-37) pone de manifiesto que todavía no han entendido qué clase de Mesías es Jesús –“no sabéis...” (38)–. Jesús lo aprovecha para volver a explicarse sobre qué es lo que ha venido a hacer y sobre qué supone seguirlo (38ss).
- “La derecha” y “la izquierda” del rey (37) son los lugares de honor y de gobierno. La proximidad de Jerusalén (17) suscita expectativas de triunfo en los discípulos –“tu gloria” (37)–.
- “El cáliz” (38) es imagen bíblica de sufrimiento (Is 51,17-22; Jr 25,15; Ez 23,32-34; Sl 75,9). Aquí es una alusión clara a la pasión y muerte que Jesús asume de manera libre y responsable.
- “El bautismo” (38) también es una imagen de la Biblia con la que se expresa una amenaza o peligro inminente: el pueblo de Israel tenía una visión amenazadora del mar, en el cual las olas de agua nos pueden sumergir. Como con el “cáliz”, se hace referencia a la pasión y muerte de Jesús, el cual había comenzado su ministerio con la sumersión en las aguas del Jordán (Mc 1,9-11), unido a todos los pecadores. Aquel bautismo ya preveía la angustia y el sufrimiento que acompañarán su llegada a Jerusalén. Otro evangelista, Lucas, dice que Jesús desea que llegue este bautismo: Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla! (Lc 12,50). Lo que Jesús desea no es el sufrimiento sino llevar la salvación a la humanidad, y ello pasa por darlo todo, dar la vida por amor. Desea obedecer la voluntad del Padre: es la responsabilidad que ha asumido, una responsabilidad que compromete.
- Era mentalidad común, como veíamos el pasado domingo, que tener dinero era signo de la bendición de Dios. Del mismo modo era común considerar al poder y al prestigio como un valor de la persona. Los dos “hijos de Zabedeo” (35) y “los otros diez” (41) participan de lo que es común en su pueblo.
- Jesús ayuda a reflexionar. Con Él, los discípulos descubren que desear el poder es incompatible con seguir el camino que Él les propone (42). Jesús les invita, y nos invita, a cambiar (43): lo que da valor a la persona es que se haga “servidor”, que “sea esclavo de todos” (43-44).
- El debate de esta escena ya se había producido de modo parecido después del segundo anuncio de la pasión (Mc 9,33-37). Lo veíamos hace algunos domingos: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos (Mc 9,35). La actitud de servicio desinteresado y generoso tiene que marcar la vida de los cristianos; esta es una norma básica para las relaciones comunitarias. Ahora Jesús lo remarca ante la posibilidad de convertir la Iglesia en una institución con mecanismos calcados de los “jefes de los pueblos”. Y advierte que el ejercicio de la autoridad en el grupo de los discípulos es una tarea que no tiene nada que ver con el poder o el prestigio sino todo lo contrario: solo puede ser reconocida la autoridad de quien sirve como Jesús ha servido: “dando la vida”. Dicho de otra manera: Jesús resucitado quiere seguir sirviendo de la misma manera que lo hacía hasta su Pascua: haciéndose “esclavo de todos” (44), viniendo “no para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos” (45).
- El “todos” (44.45) traduce una fórmula semítica que equivale a «por toda la humanidad». En Jesús se realiza lo que Isaías había anunciado sobre el siervo del Señor que da la vida para salvar a los pecadores (Is 53,10-11). Jesús manifiesta su amor universal, hace realidad el designio salvador de Dios.