Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona
Aquí tenemos la ficha correspondiente al Evangelio del Domingo 3º de Adviento. Jesús nos regala una bienaventuranza: “¡dichoso el que no se escandalice de mí!”. Es una buena felicitación de Adviento, que también lo será de Navidad. ¡Felicidades a quienes se abren a la novedad! A la novedad de la opción por los pobres, por los últimos, por los que no cuentan en la sociedad que nos montamos como ‘señores’. ¡Felicidades a quienes preparan la Navidad haciendo esta opción! ¡Felicidades a quienes preparan la Navidad abriéndose al Dios que viene con esta opción! ¡Felicidades a quienes dejan que Él sea el Señor de sus vidas!
Notas por si hacen falta
Notas para situar el texto en su contexto
- El encarcelamiento de Juan (2) había coincidido con el comienzo de la misión de Jesús (Mt 4,12). Juan ha preparado el camino al Señor (evangelio del pasado domingo: Mt 3,1-12). Con Jesús se manifiesta que “el reino” (11) ya está aquí (Mt 12,28).
- Estamos ante un resumen de la actividad de Jesús (5) que puede recordar a los israelitas los diversos anuncios del profeta Isaías (Is 26,19; 29,18; 35,5-6; 61,1). Lo que ven hacer a Jesús y oyen decir de él es el cumplimiento de los anuncios mesiánicos de los profetas.
Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio
- Lo que hace y dice Jesús, “las obras del Mesías” (2), son las obras del “reino” (11). Juan lo intuye y se acerca a pesar de las cadenas. Quiere conocer, quiere profundizar en la persona de Jesús, en lo que dice y hace.
- “El que ha de venir” (3) es una manera de designar al Mesías, aquel que es esperado. Una designación que indica que el Mesías nos es dado, que no lo dominamos, no somos sus señores, sino que es Él el Señor.
- Jesús se manifiesta con unas obras entre los excluidos (4-5) y con la buena noticia a los “pobres” (5). I envía a quienes han sido testigos de ellas a dar la noticia de esta experiencia: “anunciar … lo que estáis viendo y oyendo” (4).
- El cumplimiento de las profecías que encontramos en este relato es sorprendente. Porque quien las cumple es un pobre, Jesús. Un pobre misericordioso–solidario con los pobres. Y esto sucede en un mundo en el que muchos esperaban a un Mesías guerrero que se impusiera por la fuerza. Es por ello que es necesaria la pregunta: “¿eres tú?” (3).
- El elogio que Jesús hace de Juan (11), el último y el más grande de los profetas de Israel (9), paradójicamente pretende remarcar la superioridad de la nueva alianza:
- La nueva alianza de Dios con su pueblo es representada por los “pequeños” con quienes Jesús actúa (11).
- La antigua alianza es representada por Juan.
- Con Jesús, pobre entre los pobres (4-5), ha llegado al mundo el Reino de Dios (Mt 12,28).
- Los “más pequeños” que acogen el reino (11) se convierten en testigos vivos del reino que ya está aquí (Mt 12,28).
- Y estos “más pequeños”, acogiendo al reino acogen la misma vida de Dios: “¡dichoso el que no se escandalice de mí!” (6). Por eso son “más grandes” (11), son “dichosos” (Mt 5,3-12).
- Con esta bienaventuranza: “¡dichoso el que no se escandalice de mí!” (6), podemos elaborar una felicitación de Adviento, anticipándonos a la felicitación de Navidad. ¡Felicidades a quienes se abren a la novedad! A la novedad (¿todavía es novedad?) de la opción por los pobres, por los últimos, por los que no cuentan en la sociedad que nos montamos como ‘señores’. ¡Felicidades a quienes preparan la Navidad haciendo esta opción! ¡Felicidades a quienes preparan la Navidad abriéndose al Dios que viene con esta opción! ¡Felicidades a quienes dejan que Él sea el Señor de sus vidas!