Elías Alcalde Martín sacerdote diocesano de Granada
JESUCRISTO: PALABRA DE DIOS HECHA CARNE
Este domingo es el primer domingo del año civil, el segundo después de la celebración del Nacimiento de Jesús -Navidad -, en la que contemplamos con los sentidos y el corazón creyente a Jesús, niño recién nacido. Dirigimos la mirada interior de la fe hacia el origen de Jesús: Dios. Creemos a Jesús como la Palabra misma de Dios hecha carne, el Hijo que nos da a conocer a su Padre, Dios.
La primitiva comunidad cristiana, a partir de la fe en la Resurrección de Jesús, empieza todo el proceso de reflexión para comprender y expresar el significado de lo acontecido en Jesús. Primero se centra en los acontecimientos pascuales, su muerte en la cruz y resurrección: lo vemos en las cartas del apóstol san Pablo.
Más tarde, Marcos, en su evangelio, contempla ya toda su actividad pública a partir del bautismo en el rio Jordán.
Mateo y Lucas miran más atrás, consideran toda su vida y por eso dan comienzo a sus relatos con la concepción y nacimiento de Jesús.
Juan, el cuarto evangelio, proyecta su mirada más allá, antes de la historia. Llama a Jesús Palabra de Dios -comunicación y revelación de Dios, identificándolo con Dios mismo -, acampada entre nosotros. Lo llama, también, Vida, Luz, Gracia, Verdad; Unigénito de Dios.
A partir del principio, siguiendo el primer verso del primer libro de la Biblia, el Génesis, Juan desarrolla el primer momento de la manifestación de la Palabra a través de la creación: por medio de la Palabra se hizo todo. La Palabra es expresión y proyecto de Dios, tiene poder creativo; la creación del mundo es la primera venida de la palabra divina, que es vida y luz para los hombres.
Esta palabra también se acercó en la historia del pueblo de Israel, en la ley justa -Moisés-, en la boca de los profetas, reclamando la conversión al camino de la justicia.
El último profeta, Juan Bautista, es presentado como testigo que orienta y encamina hacia la Luz Verdadera: Jesús.
Pero la mirada del evangelista no es ingenua, plantea el drama histórico, el conflicto luz-tinieblas , la oferta de vida y de luz puede ser aceptada y rechazada.
Son los avatares del propio Jesús, en su paso por el mundo. Se contrapone la cerrazón de los suyos (los judíos) y el regalo de la filiación divina para los que creen.
Por fin la Palabra se ha hecho carne. Es Jesús de Nazaret. Quienes lo acogen con fe -creen en su nombre – participan de su filiación divina y han encontrado la gracia y la verdad de la vida de Dios, morando con el Espíritu en nosotros, gracias al Hijo, Jesucristo: ¡El gran misterio de la fe!