SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA - CICLO A- 2026

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Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona

Este es uno de los pasajes del Evangelio más cargados de simbolismos. Y, en concreto, cargado de alusiones al Antiguo Testamento que, globalmente, vienen a indicar que en Jesús se da la plenitud de la revelación ya iniciada. “Jesús es el Hijo”, es a Él, por encima de todo, a quien habrá que “escuchar”. Él actualiza y lleva a plenitud la Ley y los Profetas, de modo que ahora Él es la Palabra de Dios, vida para la Iglesia.

Pauta para el Estudio de Evangelio personal o compartido en grupo
1. Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer
2. Anoto algunos hechos vividos esta última semana
3. Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo
4. Anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho... Reviso si “escuchar a Jesús” lo hago habitualmente y qué medios pongo para ello. Y qué tiempo dedico a abrir y leer los evangelios.
5. Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor... Me pregunto si en los hechos vividos esta semana me he parado a “escuchar” a Aquél que vive, y está presente y activo en medio de la vida, Jesucristo.
6. Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)
7. Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...
 

Notas por si hacen falta

 Notas sobre el texto

 Este es uno de los pasajes del Evangelio más cargados de simbolismos. Y, en concreto, cargado de alusiones al Antiguo Testamento que, globalmente, vienen a indicar que en Jesús se da la plenitud de la revelación ya iniciada. He aquí algunos:

  • Los “seis días” (1) se refieren a la manifestación de Dios en el Sinaí ‒La gloria del Señor descansaba sobre la montaña del Sinaí y la nube cubrió la montaña durante seis días (Ex 24,15-16)‒, narración en la que aparece –como en ésta de la transfiguración– la “montaña” (1), lugar de la revelación de Dios, y la “nube” (5), signo de la presencia de Dios (que encontramos también en Ex 40,34-35).
  • “Moisés y Elías” (3-4) representan la Ley y los Profetas (las dos primeras partes de la Biblia hebrea) y, por lo tanto, la Antigua Alianza. A través de la Ley y los Profetas el pueblo “escuchaba” a Dios (5). “Moisés y Elías”, por otro lado, habían hablado con Dios en la “montaña” (1).
  • Las “cabañas” (4) aluden a la narración de la tienda del encuentro (Ex 33,7-11).
  • La “voz” (5) que, refiriéndose a Jesús, invita a “escucharle” (5), alude al profeta anunciado por Moisés (Dt 18,15) y que el judaísmo identificaba con el Mesías.

 Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

 

  • Este pasaje de la Transfiguración de Jesús tiene mucho que ver con su Resurrección. Aparecen en él diversos elementos que pertenecen a la fe en el Resucitado: “la luz” (2); Jesús es llamado “Señor” (4) por Pedro; Jesús es señalado como “el Hijo amado” de Dios (5); los discípulos “llenos de espanto” i se prosternan (6), como en las apariciones del Resucitado.
  • Como Marcos y Lucas, Mateo pone esta escena después que Jesús, por primera vez (Mt 16,21), anuncia su pasión, muerte y resurrección. Los evangelios siempre unen la muerte y la resurrección. Son dos realidades que no se pueden entender separadamente.
  • Situada aquí, esta escena es una anticipación de la gloria de la Pascua (9) en la que se revelará totalmente quien es Jesús. Una anticipación, un signo, que, en este momento en qué comenzamos el camino hacia Jerusalén, fortalece la confianza de los discípulos, les da fuerza para hacer el camino de la cruz que se acerca.
  • “Pedro, Santiago y Juan” (1) son testigos de algunos de los hechos más importantes de la vida de Jesús. Representan a la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, que recibe, a través de ellos, la declaración fundamental de la fe: “Jesús es el Hijo de Dios” (5).
  • Aquí, sin embargo, los tres discípulos, en pleno proceso de descubrimiento, ponen a Jesús, a Moisés y a Elías en el mismo nivel –“tres cabañas” (4)–. La “voz de la nube” (5) corrige esta percepción: “Jesús es el Hijo” (5), es a Él, por encima de todo, a quien habrá que “escuchar” (5). Él actualiza y lleva a plenitud la Ley y los Profetas (Mt 5,17), de modo que ahora Él es la Palabra de Dios, vida para la Iglesia. Anteriormente Dios se había manifestado a través de Moisés –con la Ley– y a través de los Profetas –representados por Elías–. Ahora se manifiesta en Jesús, el “Hijo” (5).
  • La fuerza que vendrá de la experiencia pascual –anticipada en la transfiguración– permitirá a los discípulos “bajar” (9); ya no necesitarán quedarse allá arriba (4). La vida, por dura que pueda ser (cruz, muerte...), será vivida en otra perspectiva: la resurrección de Cristo lo transfigura todo; el pecado, la injusticia, la muerte... no tendrán la última palabra sobre la vida de nadie.