Propuesta de Acoger el evangelio de Josep Maria R.
En este 5º Domingo de Pascua, esta propuesta de Estudio de Evangelio de Josep María R. nos invita a acoger la Palabra como vida que ilumina nuestro camino.
Desde el “no se turbe vuestro corazón” y el “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, se nos ofrece un espacio sencillo para encontrarnos con Jesús, mirar nuestra vida y descubrir cómo seguirle hoy en lo concreto.
Ordinario - A – 5º Domingo Pascua - Propuesta para ACOGER EL EVANGLELIO (Est.Ev,)
3 mayo 2026 – Josep María R.
Si te interesa bajar la propuesta en PDF pincha aquí
Evangelio según Joan (14,1-12)
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
1 –No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. 2 En la casa de mi Padre hay muchas estancias si no, os lo había dicho, y me voy a prepararos sitio. 3 Cuando vaya y os prepare sitio volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. 4 Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
5 Tomás le dice:
–Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?
6 Jesús le responde:
–Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. 7 Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.
8 Felipe le dice:
–Señor, muéstranos al Padre y nos basta.
9 Jesús le replica:
–Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre?» 10 ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. 11 Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. 12 Os lo aseguro: el que cree en mí, también el hará las obras que yo hago, y aun mayores. Porque yo me voy al Padre.

Pauta para el Estudio de Evangelio personal o compartido en grupo
En este 5º Domingo de Pascua, nos acercamos al Evangelio no como a un texto del pasado, sino como a una Palabra viva que quiere iluminar nuestra vida concreta: nuestras dudas, nuestros miedos, nuestras luchas y nuestras esperanzas.
Jesús nos dice: “No se turbe vuestro corazón… Yo soy el camino, la verdad y la vida”.
No es una idea, es una experiencia: la de quienes, en medio del ruido del mundo, descubren que Él sigue caminando con nosotros y nos invita a hacer sus obras.
Este Estudio de Evangelio es una propuesta sencilla y profunda:
para mirar la vida con verdad,
para encontrarnos con Jesús,
y para discernir cómo seguirle hoy.
Puede hacerse en silencio personal o compartido en grupo, dejando espacio a la escucha, al diálogo y a la oración. No se trata de saber más…. sino de dejar que el Evangelio nos toque por dentro y nos vaya transformando. Un saludo.
- Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer
- Anoto algunos hechos vividos esta última semana
3 Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo
- Anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...
Me quedo el tiempo que sea viendo, mirando, escuchando, contemplando.... amando a Jesús en sus palabras, en sus gestos, en sus actitudes, en su atención a las personas, en su paso por los márgenes, en su delicadeza y en su clamor en favor de los pobres, en su comunión con el Padre...
- Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...
Y doy gracias por los testimonios que he recibido de otras personas que siguen a Jesús, que hacen sus obras.
- Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)
- Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

Notas por si hacen falta
Notas para situar el texto
- Este diálogo de Jesús con los discípulos está situado en el contexto de la última cena. Justo antes, en el capítulo 13, el evangelista nos ha narrado la escena en la que Jesús lava los pies de ellos y les ofrece que lo sigan en su estilo de vivir y de actuar con aquella frase: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis(Jn 13,15).
- Seguirlo, entonces, pasa por el abajamiento, por el servicio, por dar la vida totalmente si es necesario, sabiendo que la muerte no es un final.
Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio
- Jesús nos invita a hacer, a servir, a amar como él (Jn 13,15.34-35). El contexto en el que lo dice, la última cena, lo hace difícil. Justo antes de este diálogo que tenemos delante, Jesús le ha dicho a Pedro que lo negaría muy pronto (Jn 13,36-38). Por eso Jesús, junto con la invitación a hacer como él, dice algo sobre la “casa del Padre” (2), lugar hacia donde lo conduce “el camino” que ha emprendido (4). Y añade que Él mismo nos llevará (1-4). Solo hay que seguir su “camino” (6).
- Así pues, situados en la última cena, Jesús habla para dar sentido a un camino que, en aquel momento, cuesta mucho seguir, porque se prevé que será de sufrimiento. Pero situados en el después de la muerte–resurrección (el evangelio siempre se ha leído después de la pascua), como es nuestro caso, lo que le oímos decir a Jesús no es un deseo o una posibilidad. Afirma que vive en “la casa del Padre”: está con Dios, totalmente unido al Padre. Y afirma que también nosotros podremos estar, no por nuestra cuenta (Jn 13,33) sino siguiendo “el camino” que es Él mismo (6).
- Los discípulos –aquí Tomás y Felipe (5.8)– tienen dudas, no acaban de entender lo que Jesús les propone vivir: ¿cómo podrán seguirle, vivir con Él, cuando Él no esté de la misma manera que ahora? ¿Cómo sabrán que caminan hacia el Padre? Nos representan a nosotros y a toda comunidad que, como la de Juan, no ha conocido a Cristo de antes de la Pascua y reflexiona sobre su seguimiento.
- ¿Seguimos o no un camino que pasa por el compromiso, por el servicio... por la cruz? Todo buen discípulo duda y pregunta al Maestro. Jesús, ante las dudas de quienes buscan a Dios, afirma que lo podemos encontrar en Él. Él y el Padre son uno (Jn 10,30): “quien me ha visto a mí ha visto al Padre” (9). Jesús es el Hijo que se queda para siempre (3) en “la casa del Padre” (2) –expresión no de un espacio físico, sino de una relación personal íntima–. A Dios no tenemos que buscarlo fuera de este mundo. Lo encontramos en el hombre Jesús de Nazaret (Jn 19,5), el que aparece sometido a la injusticia, el que ha asumido esta condición humana tomando la gran opción del amor sin medida y se ha hecho carne (Jn 1,14).
- Pero esto no se puede descubrir si no conocemos a Jesús: “Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.” (7). La tarea de conocerle es de nunca acabar: “¿y no me conoces?” (9).
Ante esta tarea interminable, lo que llamamos ‘Estudio de Evangelio’, hecho de manera habitual, es un medio ideal: mirar, ver, escuchar, contemplar, seguir... amar a Jesús en sus palabras, en sus gestos, en sus actitudes, en su atención a las personas, en su paso por los márgenes, en su delicadeza y en su clamor en favor de los pobres, en su comunión con el Padre...
- Seguir a Jesús es un ejercicio de confianza. Confianza en que Él va por delante como pastor bueno (Jn 10,4.11). Confianza en que su muerte no impide seguirle: es la fe en su resurrección. Y confianza en que el servicio a los demás–comunión con los más pobres– es el “verdadero” “camino” –o la puerta (Jn 10,9)– que conduce a “la vida” (6), a la comunión con el Padre en la que Jesús ya vive plenamente (3).
- Esta fe en Jesús, el verdadero “camino” que lleva a la vida en Dios ahora–aquí y después, da capacidad para “hacer las obras que Él hace” y “aun mayores” (12). El/la discípulo/a, entonces, que duda y tiene dificultades para entender y para vivir con coherencia (nosotros, como Tomás y Felipe), es también quien pone fe en Jesús, quien se pone en las manos del Padre (1). Y, de este modo, vive la misma vida de Jesús, Aquel que también fue débil, pequeño, condenado... servidor de todos. O, dicho de otro modo, acepta que el Resucitado viva en él/la y lo conduzca, pasando por el servicio hasta darlo todo, a vivir plenamente con el Padre.
Una Oración para comenzar
Señor Jesús,
Camino, Verdad y Vida,
nos ponemos en tu presencia
con lo que somos y lo que vivimos:
nuestras búsquedas,
nuestras dudas,
nuestros cansancios
y nuestras esperanzas.
Envíanos tu Espíritu,
para que sepamos acoger tu Palabra
no solo con la mente,
sino con el corazón.
Abre nuestros ojos
para reconocerte en la vida,
en las personas,
en los acontecimientos de cada día.
Danos un corazón sencillo
para escuchar,
valiente para seguirte,
y disponible para hacer tus obras.
Haznos sensibles a tu presencia,
en el silencio de este momento
y en el ruido del mundo.
Y que este encuentro contigo
nos transforme
y nos envíe
a vivir como testigos de tu vida nueva.
Amén.
Una canción para escuchar al finalizar: 260503 "Camino en medio del ruido"