Estudio de Evangelio “La Ascensión del Señor”
Josep María R. - 17 mayo 2026
Evangelio según Mateo (28,16‑20)
En aquel tiempo, 16 los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 17 Al verlo ellos se postraron, pero algunos vacilaban. 18 Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
–Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. 19 Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
Pauta para el Estudio de Evangelio personal o compartido en grupo
- Introducción
Nos reunimos una vez más en torno al Evangelio, no como quien recuerda una historia pasada, sino como quienes desean encontrarse hoy con Jesucristo vivo. La Ascensión no es la despedida de Jesús, sino la confirmación de su presencia nueva: Él sigue caminando con su pueblo, sosteniendo la vida, alentando la misión y reuniéndonos en comunidad.
Los discípulos vuelven a Galilea, el lugar de la vida cotidiana, de los trabajos, de las búsquedas y cansancios, de las dudas y de la esperanza. Jesús nos reúne para recordarnos que nadie vive la fe en solitario. Somos Iglesia convocada, pueblo enviado, comunidad llamada a anunciar con sencillez y ternura la Buena Noticia del Evangelio. Él nos sigue diciendo hoy: “Id… haced discípulos… y sabed que yo estoy con vosotros todos los días”.
Dispongamos el corazón para escuchar esta Palabra que ilumina la vida y nos envía nuevamente al mundo.
Oración para comenzar
Señor Jesús,
Tú nos esperas en la Galilea de cada día,
en la calle sencilla,
en el trabajo cansado,
en la mesa compartida,
en las dudas que también habitan la fe.
Haznos reconocer tu presencia
cuando la vida parece ordinaria.
Reúnenos como comunidad sencilla,
capaz de escuchar,
de agradecer
y de salir al encuentro de los demás.
Quédate con nosotros, Señor,
porque sin Ti
el camino se vuelve niebla,
pero contigo
hasta el miedo aprende esperanza.
Amén.
- Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer
- Anoto algunos hechos vividos esta última semana
- Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo
- Anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...
Y me doy cuenta de qué experiencias he vivido de encuentro con Jesús Resucitado en mi “Galilea”. Y de cómo me he “postrado” ante él.
- Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...
Me planteo cuáles son, para mi, las personas a quienes Jesús me envía para hacer de ellas discípulos suyos. Y cómo lo estoy haciendo o cómo lo haré.
- Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)
- Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...
Señor Jesús Resucitado,
nos volvemos a la vida
con tu Palabra encendida dentro.
Tú nos envías
a nuestras casas y trabajos,
a las personas concretas
que esperan consuelo, escucha y cercanía.
Haznos discípulos humildes,
capaces de sembrar paz,
de levantar a quien cae
y de anunciar con la vida
que Tú sigues vivo entre nosotros.
Que no olvidemos nunca
que caminas a nuestro lado
todos los días,
también en las horas grises,
también en la pequeña Galilea de cada jornada.
Y que, sostenidos por tu Espíritu,
sepamos vivir y amar
como pueblo enviado.
Amén.
Notas por si hacen falta
Notas sobre Galilea
- Estamos en la última página del evangelio de Mateo. El evangelista pretendía llegar a este punto: el Resucitado apareciéndose a los “once” en el lugar preferente de la actividad de Jesús: “Galilea” (16).
- En Galilea Jesús había concretado la mayor parte de su ministerio (Mt 4,12-17). Y cuando, Resucitado, se aparece a las mujeres que lo buscan, el mensaje que les da –como ya se lo había dado el ángel en el sepulcro (Mt 28,7)– es que envíen allá a los discípulos (Mt 28,9).
- Galilea, además, es una tierra habitada por judíos y no judíos. Haciéndose presente aquí nos está diciendo que Dios se manifiesta “a todos los pueblos” (19).
- Galilea representa, entonces, el lugar de la vida. Y, por lo tanto, la vida de la Iglesia. Y es, también, nuestro hoy, porque el Evangelio no es un recuerdo del pasado, no es una historia edificante. Quien escucha–lee el Evangelio encuentra en él el relato de su propia vida vivida “con” Jesucristo (quizás sin haberlo descubierto antes): “Él está con nosotros” (Mt 1,23) “cada día” (20).
Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio
- Los once “se postraron” (17). La palabra original del evangelista para decir que se postraron indica, al mismo tiempo, el homenaje que se da a un rey que acaba de nacer –“el rey de los judíos” (Mt 2,2)– y la adoración que le corresponde por el hecho de ser Hijo de Dios (Mt 14,33): Jesús es el Emmanuel –Dios-con-nosotros– (Mt 1,23), adorado como Resucitado (Mt 28,9) y como Señor (17).
- Que a Jesús se le adoraba ya lo habíamos encontrado al comienzo de Mt, sobre todo en el episodio de los Magos de Oriente (Mt 2,2.11), donde las ofrendas recuerdan al profeta Isaías, que describe la venida de pueblos extranjeros a Jerusalén para ofrecer todo tipo de dones (Is 60,6; también Sl 72[71],10-11.15). Los magos de Oriente representan a todos los pueblos de la tierra convocados a adorar al mismo Señor.
- La mezcla de adoración y de dudas de los discípulos (17) ya la habíamos encontrado antes, cuando Mt nos reporta la duda de Pedro (Mt 14,31) y la adoración y confesión de fe del propio Pedro con todos los discípulos (Mt 14,33). La poca fe de los discípulos aparece expresada, también, en otros lugares (Mt 6,30; 8,26; 16,8; 17,20).
- La “autoridad” (18) de Jesús (Mt 11,27; Dn 7,14; Jn 17,2; Ef 1,20-22; Fl 2,9-10) es la que le reconocen los discípulos, es decir, la Iglesia. Jesús es Señor (Mt 7,21) e Hijo de Dios (Mt 2,15). Esta “autoridad” se ha manifestado en la enseñanza (Mt 7,29), el perdón (Mt 9,6) y las curaciones (Mt 9,8; 10,1).
- Esta autoridad es la que tendrán los discípulos para “ir” a “todos los pueblos” (19) a ofrecer lo mismo que Él ofrece. Los discípulos de Jesús se convierten en apóstoles: son enviados a todo el mundo, sin discriminaciones de ningún tipo, con la misión de “hacer”, de cada persona, un/a “discípulo”.
- Los once habían recibido la llamada a seguir a Jesús, a acoger sus enseñanzas –Jesús es el Maestro (Mt 5,1; 23,8)– y a ponerlas en práctica (Mt 7,24). Ésta es la llamada que ahora ellos tienen que hacer a otras personas, hasta llegar a todo el mundo, a toda la humanidad. Siempre desde lo concreto: las personas de la vida cotidiana –“Galilea” es el signo de ello–, pero con un horizonte universal: a “todos los pueblos” –también Galilea lo representa siendo como es una región donde habitaban muchos paganos (Mt 4,12-17)–.
- Ser discípulo y apóstol –enviado/a– no se vive a solas. Jesucristo está vivo. Dios sigue con nosotros, actuando (Jn 5,17). Lo veíamos, también, el pasado domingo (Jn 14,16). Y hacemos experiencia de ello, especialmente, cuando Él nos convoca y nos reúne en Iglesia (Mt 18,20).