Estudio de Evangelio - “La Santísima Trinidad - A”-Josep Maria R.

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Estudio de Evangelio  - “La Santísima Trinidad - A”

Josep María R. - 31 mayo 2026

Evangelio según Juan  (3,16-18)

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo:

16 –Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

  

Pauta para el Estudio de Evangelio personal o compartido en grupo

 

  1. Introducción

La fiesta de la Trinidad no nos invita a resolver un problema teológico, sino a contemplar un misterio de amor. El Dios que Jesús nos muestra no es soledad ni poder, sino comunión, relación y vida compartida. En el evangelio de hoy descubrimos que Dios ama tanto al mundo que se entrega por él. Y también aprendemos que creer no es simplemente aceptar unas ideas, sino abrir la vida a ese amor. Muchas personas que dicen "no creo" quizá están buscando, preguntando, esperando encontrar un rostro creíble de Dios en medio de la vida. Nos disponemos a escuchar la Palabra con humildad, sabiendo que conocemos poco de Dios, pero que su amor nos precede y nos acompaña.

 

Picha aquí si quieres escuchar una canción: 260531: “Trinidad de Amor – Vida entregada”

 

  1. Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer

 

Dios de la vida,

Padre, Hijo y Espíritu Santo:

 

venimos con nuestras preguntas,

con nuestras dudas,

con nuestra fe pequeña

y con nuestros deseos de buscarte.

 

Sabemos poco de ti,

pero queremos abrir el corazón

a tu Palabra.

Enséñanos a descubrirte

en Jesús,

rostro humano de tu amor.

 

Que tu Espíritu nos ayude

a escuchar,

a comprender

y a dejarnos transformar.

 

Haznos capaces de reconocer

tu presencia en la vida,

en quienes buscan,

en quienes dudan,

en quienes aman y sirven sin hacer ruido.

 

Que al escuchar este Evangelio

aprendamos a confiar más en ti

y a amar más el mundo

que tú tanto amas.

Amén.

 

 

  1. Anoto algunos hechos vividos esta última semana

 

  1. Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo

 

  1. Anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...

Tomo conciencia de como, en todo lo que vivo, estoy posicionado ante este Dios que descubro en Jesucristo. Y de como estoy posicionado ante el mundo que Él tanto ama.

 

  1. Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...

Anoto quienes son las personas que, con su vida, me han mostrado el amor de Dios, gratuito, creador de vida... que solo busca que tengamos vida.

 

  1. Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)

 

  1. Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

 

Gracias, Dios Trinidad,

misterio que nos desborda

y amor que nos sostiene.

 

Gracias porque no eres un Dios lejano,

sino hogar que acoge,

camino que acompaña

y aliento que impulsa.

 

Gracias por Jesús,

que nos ha mostrado

que tu amor es más fuerte

que el miedo,

que la indiferencia

y que la muerte.

 

Gracias por tantas personas

que, con su vida sencilla,

nos ayudan a creer:

quienes cuidan,

quienes trabajan,

quienes luchan,

quienes oran en silencio.

 

Haznos testigos humildes

de tu presencia.

 

Que allí donde haya soledad,

pongamos encuentro.

 

Donde haya división,

pongamos comunión.

 

Donde haya desesperanza,

pongamos confianza.

 

Y aunque sepamos poco de ti,

que nunca olvidemos lo esencial:

que eres Amor,

que amas al mundo,

y que nos llamas

a vivir como hermanos y hermanas.

Amén.

Pincha aquí si quieres terminar escuchando una: canción: 260531 “Trinidad… se poco de ti” 

 

Notas por si hacen falta

Notas sobre la fiesta de la Trinidad

  • El domingo llamado de la Santísima Trinidad es una ocasión para alabar a Dios por alabarlo. Sencillamente. De hecho, la alabanza a Dios es gratuita o no es.
  • El nombre de la fiesta indica quien es este Dios a quien alabamos: es Padre e Hijo y Espíritu Santo. Es una comunión de amor. Amor que vierte a Dios sobre el mundo.
  • La alabanza a este Dios crea comunión entre nosotros y nos lleva a amar a los demás, comenzando por los más necesitados. Si alabamos a Dios no podemos permanecer en el individualismo ni encerrados en la comunidad: “Tanto amó Dios al mundo...” (16).

 

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

  • En estas palabras que Juan pone en boca de Jesús, y que son expresión de la fe de la comunidad, Jesús aparece como el “Hijo único” (16) que Dios ha “entregado” – “enviado” al mundo (16-17) para que tengamos vida – salvación.
  • Juan destaca que el amor de Dios es fuente de esta vida – salvación (16). Es Dios quien tiene la iniciativa en la salvación del mundo. Y la tiene porque lo ama con un amor inmenso. Es una iniciativa gratuita: en ningún momento Jesús dice que Dios espere reciprocidad por parte del mundo. El evangelista, más adelante, sugiere lo contrario (Jn 15,18-19). El amor siempre va por delante, siempre es origen de vida. Y siempre es gratuito.
  • Los escritos de san Juan no sólo remarcan que Dios actúa por amor, sino que lo describen a Él mismo como “Amor”(1Jn 4,8.16). Y este amor se concreta con la venida del Hijo al mundo (Jn 1,14) dispuesto a vivir todo lo que vivimos, incluida la muerte, dispuesto a dar la vida día a día hasta el final. El Evangelio, entonces, presenta a Jesús como un don de Dios (16). Un don que tiene una finalidad: la “vida eterna” de los creyentes.
  • Así pues, Jesús es decisivo de cara a la salvación del mundo y de cada uno de nosotros. Por ello, lo que cada uno decide ante Élacogerlo (Jn 1,12) o rechazarlo (Jn 1,10-11)– también será decisivo. Esto es lo que significa, en este texto, “creer” o “no–creer” (18) en Él. Cada uno tiene que posicionarse ante Jesús con todo lo que representa: es decir, no se trata de un nombre vacío ni de una ideología ni de una doctrina... sino de quien ha vivido, ha muerto y ha resucitado mostrando el camino del Reino de Dios.
  • Hay que posicionarse porque el proyecto de Dios se realiza en la persona concreta, en la persona creyente, en la persona que ha dicho sí (Jn 1,12; 3,18). No es un proyecto que se imponga a ultranza a nadie en concreto ni al mundo en general. Avanza en aquella persona que libremente se abre a él. En el lenguaje de Juan, esto es “creer”. “No–creer” será el rechazo, será encerrarse como opción consciente y libre.
  • No tenemos que confundir, pues, el uso que se hace de estos términos, “creer” y “no–creer”, en el evangelio de Juan con el uso popular que tienen, en el lenguaje más habitual de la calle. Hay mucha gente que cuando dice que “no cree” no está expresando que rechaza a Jesús, a quien probablemente ni siquiera conoce; en muchos casos, probablemente, el “no creo” es equivalente a la pregunta por Dios. Una pregunta que espera respuesta, que espera el testimonio sencillo y vital de quien dice que sí, que cree en el Padre que Jesucristo nos ha mostrado. Una pregunta que pide el testimonio del/a militante cristiano/a.