Es.Ev.: "El Perdón y la novedad que aporta Jesús en la sociedad del cansancio"

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260913 E.Ev.: EL PERDON

Partiendo de la pregunta de Pedro —«¿cuántas veces tengo que perdonar?»— me pregunto: ¿Qué novedad introduce Jesús cuando convierte el perdón en una forma de vivir, de relacionarse y de construir comunidad, y qué puede aportar hoy a una sociedad cansada, polarizada y marcada por el resentimiento?

El texto de Mt 18,21-35 sería así el hilo conductor, mientras que las demás referencias bíblicas, la tradición cristiana y el magisterio ayudarían a descubrir cómo se ha ido profundizando esa novedad.

Si quieres bajar la propuesta d Estudio de Evangelio en PDF, pincha aquí. 

Hay dos canciones que te pueden ayudar para acompañar el Estudio de Evangelio, pincha sobre ellas y podrás escucharlas:

1) 260913 QUE NO SUENEN SIRENAS

2) 260913 PALOMA DEL PERDÓN

ESTUDIO DE EVANGELIO: EL PERDÓN QUE PROPONE JESÚS

¿Qué novedad aportó a los primeros cristianos y qué puede aportar hoy a una «sociedad del cansancio»?

Textos del domingo:

Eclo 27,30–28,7 · Sal 102 · Rm 14,7-9 · Mt 18,21-35

Pregunta central:

¿Qué cambia en mí, en nuestras comunidades y en nuestra sociedad cuando el perdón deja de ser simplemente «olvidar una ofensa» y se convierte en una manera nueva de relacionarnos?

 

 

  1. VER

¿De qué estamos cansados? ¿Qué hacemos con nuestras heridas?

1.1. Comenzamos por nuestra experiencia

El evangelio comienza con una pregunta muy humana: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?»

Pedro intenta poner un límite. Jesús elimina el límite.

Pero antes de entrar directamente en la respuesta de Jesús, podemos preguntarnos:

  • ¿Qué hacemos normalmente cuando alguien nos hiere?
  • ¿Qué nos cuesta más: pedir perdón, perdonar o aceptar que necesitamos ser perdonados?
  • ¿Qué heridas conservamos durante mucho tiempo?
  • ¿Qué hacemos con el resentimiento?
  • ¿Hay personas a las que decimos que hemos perdonado, pero seguimos juzgando por lo que hicieron?
  • ¿Es posible perdonar sin negar lo ocurrido?
  • ¿Podemos perdonar y, al mismo tiempo, poner límites?

1.2. Miramos nuestra sociedad

Aquí podemos introducir la perspectiva de Byung-Chul Han y la «sociedad del cansancio».

Vivimos en una cultura de rendimiento, velocidad, productividad, exposición permanente y comparación. El cansancio contemporáneo no es solamente físico: también es cansancio interior y relacional.

Y aparecen nuevas formas de conflicto:

  • redes sociales que amplifican la indignación;
  • polarización política y social;
  • dificultad para escuchar al diferente;
  • cultura de la cancelación;
  • necesidad de tener razón;
  • memoria de agravios;
  • respuestas inmediatas y agresivas;
  • dificultad para detenerse, contemplar y procesar las heridas.

Han contrapone el cansancio que aísla al cansancio que puede abrirnos a un «nosotros».

Para compartir

¿Qué formas de cansancio, resentimiento, polarización o incapacidad para perdonar descubrimos hoy a nuestro alrededor?

Y una pregunta más personal: ¿Qué lugar ocupa el perdón en mi manera de afrontar los conflictos?

 

 

  1. JUZGAR

¿Qué dice la Palabra de Dios?

Aquí propongo hacer el estudio en tres círculos concéntricos: Biblia → Tradición de la Iglesia → Hoy

 

  1. EL PERDÓN EN LA BIBLIA

2.1. El Antiguo Testamento: descubrir un Dios que perdona

Comenzamos por los textos del domingo. Eclesiástico 27,30–28,7

El texto relaciona directamente: rencor → venganza → pecado y contrapone: perdonar al hermano → recibir misericordia de Dios.

La pregunta final es especialmente fuerte: «¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la curación al Señor?»

Podemos relacionarlo con el Salmo 102: «Él perdona todas tus culpas…»

El punto de partida no es nuestro esfuerzo por perdonar.

Primero está la experiencia de haber sido perdonados.

Para dialogar

  • ¿Qué relación establece el Eclesiástico entre perdón recibido y perdón ofrecido?
  • ¿Por qué el resentimiento termina dañando también a quien lo guarda?
  • ¿Qué significa para nosotros que Dios «no nos trata como merecen nuestros pecados»?

 

2.2. Jesús: una novedad radical

Los sinópticos

Podemos repartir los textos entre los participantes:

Mateo

  • Mt 5,23-24: reconciliarse con el hermano.
  • Mt 5,38-48: amar a los enemigos.
  • Mt 6,12.14-15: «perdona nuestras deudas…».
  • Mt 18,15-35: corrección fraterna y perdón sin límites.

Marcos

  • Mc 11,25: cuando oréis, perdonad.

Lucas

  • Lc 6,27-36: amar a los enemigos.
  • Lc 7,36-50: la mujer pecadora.
  • Lc 15: el Padre misericordioso.
  • Lc 17,3-4: perdonar siete veces al día.
  • Lc 23,34: «Padre, perdónalos».

Pregunta clave: ¿Qué tiene de nuevo Jesús?

No se limita a decir: «Perdona porque es bueno perdonar».

Jesús sitúa el perdón dentro de una nueva imagen de Dios y una nueva manera de vivir las relaciones humanas.

El discípulo perdona porque ha sido alcanzado por la misericordia.

Y el perdón deja de ser solamente una cuestión individual para convertirse en una forma de construir comunidad.

 

2.3. Juan: el perdón como don del Resucitado

Podemos leer: Jn 20,19-23

Jesús resucitado aparece ante una comunidad herida, encerrada y con miedo. Y les dice: «Paz a vosotros».

Después: «Recibid el Espíritu Santo».

Y aparece el ministerio de perdonar.

Aquí hay una intuición muy importante: La comunidad nacida de la Pascua recibe como misión reconciliar.

No solamente anunciar doctrinas. No solamente celebrar. También crear espacios donde las personas puedan recuperar la vida, la dignidad y la fraternidad.

 

2.4. Los Hechos de los Apóstoles

Podemos mirar especialmente:

  • Hch 2,42-47: una comunidad que comparte.
  • Hch 4,32-35: «un solo corazón y una sola alma».
  • Hch 6–7: el conflicto y el testimonio de Esteban.
  • Hch 9: Pablo, perseguidor, acogido por la comunidad.
  • Hch 15: la comunidad aprende a afrontar el conflicto.

Una pregunta interesante: ¿Qué ocurre cuando los primeros cristianos tienen conflictos?

No desaparecen. Hay discusiones, tensiones, diferencias culturales y problemas.

La novedad cristiana no consiste en crear comunidades sin conflictos.

Consiste en aprender a atravesar el conflicto sin convertir al otro en enemigo.

 

2.5. Pablo: perdón y nueva humanidad

Textos posibles:

  • Rm 12,14-21: «No devolváis a nadie mal por mal».
  • Rm 13,8-10: «A nadie debáis nada, más que amor».
  • 1 Cor 13,4-7: el amor no lleva cuentas del mal.
  • 2 Cor 5,18-20: «ministerio de la reconciliación».
  • Ef 4,31-32: «sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros».
  • Col 3,12-15: «perdonándoos mutuamente».

Y el texto de este domingo: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo» (Rm 14,7).

Esto permite conectar perdón y comunidad: No vivimos solos. Lo que hago con el otro afecta al cuerpo comunitario.

 

2.6. Las cartas apostólicas

Podemos completar con:

  • 1 Pe 3,8-9: no devolver mal por mal.
  • 1 Pe 4,8: «el amor cubre multitud de pecados».
  • 1 Jn 1,8-9: reconocer el pecado y recibir el perdón.
  • 1 Jn 4,7-12: amar porque Dios nos amó primero.

Síntesis bíblica

Podríamos formularla así: La novedad cristiana no consiste simplemente en perdonar muchas veces. Consiste en entrar en la lógica de un Dios que perdona gratuitamente, recibir esa misericordia y convertirla en una forma nueva de vivir las relaciones.

 

 

  1. EL PERDÓN EN LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA

La pregunta sería: ¿Cómo fue comprendiendo y viviendo la Iglesia esta novedad de Jesús?

2.1. Los Santos Padres. Tres acentos:

San Juan Crisóstomo: Del siglo IV, abordó el perdón no como un concepto teórico o abstracto, sino como una acción concreta de misericordia capaz de transformar radicalmente las relaciones humanas y comunitarias. "¿Quieres que Dios te muestre misericordia? Muéstrala tú primero a tu semejante. No digas: 'Me ha hecho un daño terrible y no puedo perdonarle'. Lo que él te ha hecho a ti no es nada comparado con lo que tú has ofendido a Dios".— (Homilías sobre el Evangelio de Mateo)

San Agustín: Para el, el perdón, la gracia, la conversión y la vida comunitaria no son conceptos aislados, sino eslabones interconectados de una misma cadena espiritual. En su teología, el ser humano no puede salvarse ni transformarse por sí mismo; necesita de la acción divina, la cual se recibe y se vive en plenitud dentro del cuerpo de la Iglesia y la convivencia con los hermanos. "El perdón es un acto de amor que refleja la gracia de Dios, y es esencial para la vida en comunidad". (San Agustín, La Ciudad de Dios, Libro XIX, Capítulo 25). Pero también nos recuerda cómo el perdón nos transforma (conversión) y debe ser obligatoriamente volcado en la convivencia con los demás: "Quienquiera que seas tú que tienes tu mente puesta en Cristo y deseas alcanzar lo que prometió, no sientas pereza en cumplir lo que ordenó... 'Concede el perdón a tu hermano' (...) Vivamos bien, y las faltas cotidianas, que no faltan en esta vida, se borrarán con el perdón diario que nos otorgamos mutuamente".(San Agustín, Sermón 114 y fragmentos del Sermón 211)

Los Padres del desierto: El combate contra el resentimiento y el juicio del hermano. Para ellos —aquellos monjes cristianos que se retiraron a los desiertos de Egipto, Siria y Palestina entre los siglos III y V—, el verdadero desierto no era solo un espacio geográfico, sino el corazón humano. Su principal objetivo era la hesiquía (la paz interior y el silencio en Dios), y descubrieron que el resentimiento y el juicio al hermano son los mayores destructores de esa paz y los venenos más letales para el alma. A través de sus Apóftemas (dichos y sentencias), los Padres nos legaron una psicología espiritual profunda para combatir estas dos tentaciones. Enseñándonos que nadie puede salvarse solo. La relación con el hermano es el termómetro de la relación con Dios. Como bien sentenció el abbá Antonio el Grande: "De nuestro prójimo depende la vida y la muerte. Si ganamos al hermano, ganamos a Dios; pero si escandalizamos al hermano, pecamos contra Cristo". Recojo una parábola famosa: La parábola del saco de arena; es una de las historias donde el abbá Moisés el Negro narra que es convocado para juzgar a un hermano que había pecado. Moisés se presentó al consejo cargando a la espalda un saco roto lleno de arena que se iba derramando. Cuando le preguntaron qué significaba, respondió: "Mis propios pecados van cayendo detrás de mí y no los veo, ¡y hoy vengo a juzgar los pecados de otro!". Al oír esto, los monjes perdonaron al hermano.

Pregunta

¿Por qué desde los primeros siglos el perdón se entiende como un elemento esencial de la vida cristiana y no como una virtud secundaria?

 

2.2. El perdón en los grandes maestros espirituales

Aquí podemos hacer cuatro pequeñas estaciones.

San Francisco de Asís: Francisco de Asís entendía la paz, la fraternidad y la reconciliación como un estilo de vida práctico que nace de un corazón humilde y reconciliado con Dios. Sobre el perdón incondicional: "Y en esto conoceré si amas al Señor y a mí, siervo suyo y tuyo, si haces esto: que no haya hermano en el mundo, que haya pecado todo lo que haya podido pecar, que, después de haber visto tus ojos, no se marche jamás sin tu perdón, si él te lo pide." (Carta a un Ministro)… Sin juzgar al que falla: "El siervo de Dios no debe albergar disgusto ni enojo por el pecado de nadie, porque el enemigo destruye la paz de muchos a causa del pecado de uno solo." (Regla no bulada)

Santa Teresa de Jesús: El conocimiento de la propia fragilidad es la llave maestra para derribar la soberbia y aprender a mirar al prójimo con auténtica misericordia. Para la mística abulense, el conocimiento propio no es un ejercicio de culpa destructiva, sino el punto de partida indispensable para recibir el amor divino y reflejarlo en la vida comunitaria.  Esta dinámica espiritual y humana se articula a través de tres ejes fundamentales: 1) El espejo de la verdad: Dios y la propia bajeza (en Las Moradas que el alma no puede conocerse a oscuras. Necesita mirar la grandeza de Dios para descubrir, por contraste, su propia pequeñez. Al experimentar que Dios ama y abraza esa fragilidad sin reproches, la persona se descubre profundamente vulnerable, pero radicalmente amada. Esta certeza extirpa el juicio severo hacia uno mismo y hacia los demás). 2) De la aceptación de la miseria a la empatía activa: cuando un alma reconoce sus propias caídas y la facilidad con la que se quiebra, le resulta imposible escandalizarse de los defectos ajenos (es la comunión en la debilidad: Se pasa del "yo te juzgo" al "yo te acompaño porque soy igual de débil que tú"). 3) La traducción práctica: Amor y comunidad en Camino de Perfección. Así Teresa diseñó sus monasterios como laboratorios de convivencia humana. En su libro Camino de Perfección, insiste en que las virtudes no se miden por éxtasis, sino por el amor que nos tenemos unos a otros. La misericordia teresiana es concreta: sufrir las faltas de las hermanas, disimular sus imperfecciones y no andar "mirando menudencias". Solo quien camina con humildad puede fundar relaciones basadas en la libertad y la auténtica hermandad.

San Juan de la Cruz: Liberarse de aquello que interiormente nos ata: heridas, juicios, deseos de posesión y dominio. Liberarse de lo que interiormente nos ata —como las heridas, los juicios y los deseos de posesión y dominio— es el núcleo de la doctrina espiritual de San Juan de la Cruz. El místico nos llama a este proceso de desapego radical la "Noche oscura", una purificación necesaria para que el ser humano encuentre la verdadera libertad y se una al amor absoluto. Para el santo, el alma no puede llenarse de infinito si está saturada de ataduras mundanas o egocéntricas.

San Ignacio de Loyola: La búsqueda de la reconciliación, el discernimiento y la capacidad de «salvar la proposición del prójimo» antes de juzgarlo. Su famosa frase: “El alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa”. Y en sus “Dichos de luz y amor”, escribio: "Adonde no hay amor, ponga amor, y sacará amor."

San Ignacio de Loyola:  En Ignacio el perdón no es solo un acto moral o un esfuerzo psicológico, sino una experiencia transformadora y un don gratuito de Dios. Para él, el perdón está ligado a la misericordia divina, al conocimiento propio y a la misión de la reconciliación. Lo que mejor condensa su vivencia de las heridas y la transformación de la culpa en un motor de generosidad y servicio activo es su famosa máxima: «El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras». De ahí el “andar ligeros” de los ejercicios (nos invita a preguntarnos: «¿Qué he hecho por Cristo?, ¿qué hago por Cristo?, ¿qué debo hacer por Cristo?»  y así nos quita el peso del pasado). Y en su conocida Oración por la Generosidad, Ignacio plasma exactamente la fuerza de avanzar sin reparar en las propias heridas del pasado: «Señor, enséñame a ser generoso... a dar y no contar el costo, a luchar y no prestar atención a las heridas». Así, Ignaciano nos demuestra que el perdón no es un estado de quietud mental, sino la fuerza liberadora que nos permite ponernos en camino, con el equipaje ligero, listos para "en todo amar y servir".

Pregunta

¿Qué nos enseñan estos maestros sobre el trabajo interior necesario para perdonar?

 

2.3. El Prado, el mundo obrero y la espiritualidad del perdón

Joseph Cardijn: La espiritualidad del perdón para el se asienta en la persona concreta, su dignidad y su capacidad de transformación (el principio fundamental de que cada joven trabajador vale más que todo el oro del mundo): "Un joven trabajador no es una máquina, ni un animal de carga; es un hijo de Dios, un príncipe del cielo, que vale más que todo el oro del mundo."

Antonio Chevrier: Para él, perdonar no es un simple acto de voluntad humana, sino la capacidad de mirar a la persona desde Jesucristo, especialmente desde el pesebre, la cruz y la Eucaristía. 1) El perdón como imitación de Cristo en la Cruz, nos invita a gravar en  nuestro corazón: "Miren a Jesucristo en la cruz: no amenaza, no se queja, no maldice a sus verdugos. Al contrario, ruega por ellos: 'Padre, perdónalos...'. El verdadero discípulo debe revestirse de estos mismos sentimientos de bondad y de paz ante la ofensa". (VD). 2) En sus Cartas a sus Seminaristas, nos invita en vencer el orgullo herido y en cómo la paciencia pastoral debe imitar la mansedumbre del pesebre y el calvario: "No devuelvan nunca mal por mal, ni injuria por injuria. Al contrario, bendigan. Nuestro modelo es Aquel que, cargado de injurias, no abría la boca sino para perdonar y hacer el bien a quienes lo perseguían". 3) No se puede perdonar si uno se cree superior: El perdón nacido de la humildad. En sus apuntes espirituales y reglamentos sobre la caridad fraterna, destaca que reconocer la propia debilidad ante Dios es el motor para perdonar al prójimo: "¿Cómo podemos negar el perdón a nuestro hermano, cuando nosotros mismos vivimos cada día de la infinita misericordia y del perdón de Dios? Quien se sabe pequeño y perdonado en la Eucaristía, no tiene ya derecho a guardar rencor". 4) La disposición a "dejarse comer" (Dimensión Eucarística) (ante las ingratitudes diarias de la gente a la que servía): "El sacerdote es un hombre devorado... Debemos ser como el buen pan que se deja partir y comer por todos, tanto por los buenos como por los desagradecidos".

Desde ahí podemos preguntarnos:

¿Cómo mirar al que me ha herido desde Cristo y no únicamente desde mi herida?

 

Guillermo Rovirosa: Eugenio Merino introdujo al Revisión de Vida en la HOAC y Guillermo la desplegó en la fraternidad, la militancia y la transformación de las relaciones humanas. Para ellos la Revisión de Vidano era un simple análisis sociológico, sino un camino de conversión espiritual y comunitaria. Para Rovirosa, el perdón juega un papel fundamental en tres dimensiones: a) En la fraternidad: La Revisión de Vida exige una sinceridad absoluta al compartir las caídas y debilidades de la semana. El equipo ("fraternidad") no es un grupo de perfectos, sino una escuela de comunión donde el perdón mutuo sana las tensiones y permite la verdadera unión de corazones. b) En la militancia: El militante se desgasta en la lucha social y, a menudo, sufre la incomprensión, la injusticia o la traición. Rovirosa enseñaba que el perdón cristiano rompe la espiral del odio y del rencor, evitando que la militancia obrera se convierta en mera ideología destructiva. El perdón da a la lucha un carácter redentor. c) En la transformación de las relaciones humanas: Para cambiar las estructuras sociales, primero hay que transformar el corazón humano. El perdón es la herramienta metodológica y espiritual más revolucionaria de la Revisión de Vida (en el Actuar), ya que repara los vínculos rotos en el trabajo, en la familia y en el sindicato, introduciendo la lógica de la gratuidad y la gracia en un mundo competitivo. Recojo dos citas significativas: 1) "La auténtica corrección fraterna nace justo donde la salvación obtenida de la Cruz se convierte en salvación entregada; donde un pecador perdonado se convierte en instrumento de perdón y sale al encuentro del hermano". (Inspirado en la mística comunitaria de D. Eugenio Merino sobre la vida de equipo). 2) "En lo más profundo de su ser divino, Dios es Amor. Y ama a sus criaturas humanas de una manera exagerada, siempre dispuesto a perdonar y a olvidar… si la criatura quiere". (Guillermo Rovirosa “Obras Completas, Tomo II”)

Tomás Malagón: se centra en situar a la persona en el corazón de la transformación social a través de la fe, el perdón y el compromiso comunitario. Así articula una pedagogía militante enfocada en humanizar el mundo del trabajo y las estructuras sociale: la formación de personas y comunidades capaces de transformar la realidad. Para Malagón, el perdón no es un acto pasivo de debilidad, sino una fuerza  transformadora y revolucionaria. 1) El perdón es un acto de fe en el ser humano: perdonar implica apostar por la capacidad de conversión de la otra persona, dándole la oportunidad de reconsiderar sus acciones y reorientar su vida. 2) el perdón es una herramienta para romper estructuras de violencia: sostenía que las injusticias sociales y la opresión no se vencen con más opresión. El perdón corta el ciclo de la venganza y restituye el amor en el centro de las relaciones humanas. 3) el perdón es la Dimensión social: El perdón cristiano no es solo individual; busca sanar las fracturas sociales para posibilitar una convivencia basada en la justicia y la paz.

Pregunta pradosiana:

¿Qué tipo de militante, acompañante y comunidad estamos construyendo cuando aprendemos a perdonar?

 

Y una segunda:

¿Puede haber verdadera evangelización si nuestras comunidades no son lugares de reconciliación?

 

 

III. EL PERDÓN HOY

Aquí situaría el núcleo más provocador del estudio.

3.1. Vaticano II: del perdón individual a la reconciliación comunitaria.

El Concilio ayuda a comprender que la Iglesia no puede vivir el perdón solamente como un trámite entre el individuo y Dios. La reconciliación tiene también una dimensión:

  • comunitaria;
  • social;
  • histórica;
  • cultural;
  • política;
  • ecológica.

«Quienes se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de la ofensa hecha a Él y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron pecando, y que colabora a su conversión con la caridad, con el ejemplo y las oraciones» (Lumen Gentium, numeral 11)

El Catecismo recoge esta dimensión al presentar el perdón como reconciliación con Dios y con la Iglesia, y al relacionarlo con la vida comunitaria. (Capitulo 4)

Pregunta

¿Qué conflictos de nuestra comunidad necesitan no solamente que alguien «pida perdón», sino que cambiemos las relaciones que los han provocado?

 

3.2. Juan Pablo II: misericordia y reconciliación. Si, el perdón no es una muestra de debilidad, sino la expresión más alta de la caridad y el amor divino: "el perdón atestigua que en el mundo está presente el amor más fuerte que el pecado". "No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón". (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, Juan Pablo II). Una referencia importante es: Dives in misericordia. La misericordia no es un añadido sentimental a la justicia. Es una manera de descubrir quién es Dios y, por tanto, quiénes somos nosotros. «La misericordia auténtica es, por así decirlo, la fuente más profunda de la justicia. Si esta última es de por sí apta para "arbitrar" entre los hombres la recíproca repartición de los bienes materiales de modo justo, el amor en cambio y solamente el amor (incluido ese amor benigno que llamamos "misericordia") es capaz de restituir el hombre a sí mismo» (Dives in misericordia, n. 14).

3.3. Benedicto XVI: el amor que transforma. Aquí interesa la relación entre: verdad + justicia + amor + perdón. El perdón cristiano no consiste en llamar bueno al mal. No elimina la responsabilidad. No borra la verdad. Pero rompe la cadena: ofensa → resentimiento → venganza → nueva ofensa. Es la fuerza del amor divino que renueva y transforma por completo al ser humano y al mundo. En un discurso ante la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales dice: «El perdón no es una negación del error, sino una participación en la curación y el amor transformador de Dios que reconcilia y restaura».

3.4. Francisco: perdón, justicia y fraternidad. Aquí Fratelli tutti ofrece una aportación especialmente rica. Francisco insiste en que perdonar no significa olvidar, negar la injusticia ni permitir que continúe el daño. Se puede perdonar y, al mismo tiempo, reclamar justicia y poner límites. Y ofrece una idea especialmente fecunda para nuestro estudio: la reconciliación no consiste en esconder el conflicto (no es debilidad ni olvido), sino en atravesarlo mediante el diálogo, la verdad y la justicia. Esto es muy importante para no convertir el perdón en una espiritualidad ingenua. «La verdadera reconciliación no escapa del conflicto sino que se logra en el conflicto, superándolo a través del diálogo y de la negociación transparente, sincera y paciente» (Fratelli tutti, n. 244). Pero también profundiza en los numerales 241 y 242para evitar caer en esa "espiritualidad ingenua" o sumisa: «No se trata de proponer un perdón renunciando a los propios derechos ante un poderoso corrupto, ante un criminal o ante alguien que degrada nuestra dignidad. Estamos llamados a amar a todos, sin excepción, pero amar a un opresor no es consentir que siga siéndolo; tampoco es hacerle pensar que lo que hace es aceptable. Al contrario, amarlo bien es buscar de varias maneras que deje de oprimir, es quitarle ese poder que no sabe usar y que lo desfigura como ser humano. Perdonar no significa permitir que sigan pisoteando la propia dignidad y la de los demás» (Fratelli tutti, n. 241) 

Pregunta:

¿Qué diferencia hay entre perdonar y permitir?

 

3.5. León XIV: el perdón como proceso

La aportación reciente de León XIV puede introducir una perspectiva especialmente interesante. En junio de 2026 habló del perdón como un camino largo, que requiere paciencia y pequeños pasos. Perdonar no significa necesariamente volver a la relación anterior, especialmente cuando ha existido violencia. Puede significar rechazar el odio y la venganza, buscar reparar la relación cuando sea posible y avanzar hacia la reconciliación interior. (Viaje Apostólico de Su Santidad León XIV a España (6 – 12 de junio de 2026) – Vigilia de Oración en el Estadio Olímpico «Lluís Companys», 09.06.2026) . «El perdón es un camino largo que se recorre con paciencia y a pequeños pasos. Perdonar no significa necesariamente restablecer la relación anterior con quien ha causado la ferida, especialmente cuando ha existido violencia. El perdón es, ante todo, un proceso de liberación: consiste en rechazar el odio y la venganza, buscar reparar lo que sea posible y avanzar con valentía hacia la reconciliación interior, impidiendo que el mal y el resentimiento determinen nuestro futuro»

Esto conecta extraordinariamente bien con nuestra pregunta inicial. Perdonar no es un acto mágico. Es un proceso. Y quizá esto resulte especialmente importante para una sociedad cansada: No todo tiene que resolverse inmediatamente.

 

3.6. Una síntesis: ¿qué novedades siguen iluminando hoy?

Podemos escribir entre todos una columna con estas palabras:

Jesús propone

Frente a…

Perdón

Venganza

Misericordia

Juicio permanente

Reconciliación

Polarización

Verdad

Ocultamiento

Justicia

Impunidad

Límites

Permisividad

Memoria

Olvido

Conversión

Etiquetar al otro

Comunidad

Individualismo

Paciencia

Inmediatez

Esperanza

Cansancio

Fraternidad

Enemigo

Y llegar a una conclusión:

El perdón cristiano no es olvidar el pasado. Es impedir que el pasado tenga la última palabra.

 

 

  1. ACTUAR

¿Qué hacemos nosotros?

Aquí conviene que el estudio termine en concreciones muy sencillas, no en conclusiones teóricas.

  1. En mí

¿A quién necesito perdonar?

¿De quién necesito pedir perdón?

¿Qué herida sigo alimentando?

 

  1. En nuestras relaciones

Elegir una situación concreta: familia; pareja; amigos; trabajo; comunidad cristiana; JOC; Prado; parroquia.

Y preguntarnos:

¿Qué paso concreto puedo dar para romper una cadena de resentimiento?

 

  1. En nuestra comunidad

Proponer tres compromisos:

  1. Escuchar antes de juzgar.
  2. Corregir sin humillar.
  3. Perdonar sin ocultar la verdad.

 

  1. En nuestra sociedad

Preguntarnos: ¿Cómo podemos ser una comunidad que no contribuya al cansancio, la polarización y el enfrentamiento, sino que genere espacios de escucha, reconciliación y esperanza?

Y concretar:

  • ¿Qué hacemos en las redes sociales?
  • ¿Cómo hablamos de quienes piensan diferente?
  • ¿Cómo acogemos a quien se ha equivocado?
  • ¿Cómo tratamos a quien ha quedado «cancelado»?
  • ¿Cómo distinguimos justicia de venganza?
  • ¿Cómo conservamos la memoria sin alimentar el odio?

 

PARA TERMINAR: VOLVER AL EVANGELIO

Leer nuevamente Mt 18,21-35, pero esta vez dejando que cada persona elija una frase.

Después, silencio.

Y compartir solamente: ¿Qué palabra de Jesús me llevo hoy?

Finalmente, volver a la pregunta de Pedro: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar?»

Y dejar que resuene la respuesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».

No como una obligación matemática. Sino como una invitación a salir de la lógica de la contabilidad del daño.

 

 

UNA POSIBLE CONCLUSIÓN DEL ESTUDIO

Podría cerrarse con esta síntesis, que incluso puede convertirse en oración:

Hemos visto que el perdón atraviesa toda la Biblia.

  • En el Antiguo Testamento descubrimos a un Dios misericordioso.
  • En Jesús descubrimos que hemos de vivir desde esa misericordia recibida.
  • En las primeras comunidades descubrimos que el perdón no es solamente una experiencia personal: es una forma de construir Iglesia.
  • En la tradición cristiana vemos que perdonar exige un profundo trabajo interior.
  • Y hoy descubrimos que el perdón no significa olvidar, justificar el mal o renunciar a la justicia.

Perdonar es romper la cadena del mal.

  • Es conservar la memoria sin vivir prisioneros de ella.
  • Es buscar justicia sin convertirla en venganza.
  • Es poner límites sin alimentar el odio.
  • Es reconocer al otro como persona incluso cuando ha hecho daño.
  • Es permitir que Dios vaya ensanchando en nosotros el espacio del amor.

Quizá ahí esté la novedad de Jesús para nuestra «sociedad del cansancio»:

  • frente a una sociedad que acumula agravios, Jesús propone liberar;
  • frente a una sociedad que etiqueta, Jesús mira a la persona;
  • frente a una sociedad que responde inmediatamente, Jesús introduce tiempo;
  • frente a una sociedad que divide, Jesús crea fraternidad;
  • frente a una sociedad cansada de luchar, Jesús abre un camino de reconciliación.
  • Perdonar no cambia el pasado.
  • Pero puede cambiar el futuro.

 

Esta última perspectiva encaja muy bien con Francisco, que insiste en que el perdón no exige olvidar ni negar la injusticia, y con León XIV, que presenta el perdón como un proceso paciente de pequeños pasos, sin confundirlo con volver necesariamente a la relación anterior.

Una clave que tendríamos que tener muy encuenta es no presentar el perdón como «ser buenos» o «aguantarlo todo», sino como una alternativa cristiana a la lógica del resentimiento y de la venganza. Así este estudio queda mucho más conectado con Mateo 18, con la vida de las primeras comunidades y con la pregunta actual sobre cómo vivir juntos en una sociedad plural y cansada.

 

Pplu/260908)