260920 Domingo 25 T.O.-A
Isaías 55,6-9; salmo 144; Filipenses 2,20-24.27; Mateo 20,1-16.
Est.Ev.:
¿Cómo son las invitaciones de Jesús de Nazaret
y del Cristo de la fe a trabajar por el Reino?
El Estudio de Evangelio podría ser sencillo: «¿qué nos dice Jesús?», o «¿cómo llama Jesús, a quién llama, para qué llama y qué tipo de respuesta suscita?».
Todos los evangelios…. Parten de la experiencia con el Jesús histórico, pero están traspasados también por la experiencia del que vive (el resucitado – el cristo de la Fe) y desde ahí surge también nuestra llamada y el envío…. «ID TAMBIÉN VOSOTROS A MI VIÑA»
Desde ahí que la pregunta que formulo es desde las invitaciones de Jesús y del Cristo resucitado a trabajar por el Reino, partiendo de lso textos de este domingo, pero también mirando al NT.
Pregunta central:
¿Cómo son las invitaciones de Jesús de Nazaret y del Cristo de la fe-resucitado a trabajar por el Reino: anuncio, servicio, testimonio, denuncia y celebración?
Textos de partida
- Isaías 55,6-9: «Buscad al Señor mientras se le encuentra».
- Salmo 144: Dios es «clemente y misericordioso», bueno con todos.
- Filipenses 1,20c-24.27a: «Para mí la vida es Cristo».
- Mateo 20,1-16: «Id también vosotros a mi viña».
La imagen de la viña resulta particularmente sugerente: Dios no espera pasivamente; sale una y otra vez a buscar trabajadores. La llamada llega al amanecer, a media mañana, al mediodía, a media tarde y hasta al final de la jornada. Y la parábola termina cuestionando nuestra lógica de mérito y recompensa: «¿O es que tienes envidia porque yo soy bueno?».
Os dejo esta canción para escuchar que quiere acoger lo aqui presentado: "260920 ¿QUIÉN SALDRÁ A LA PLAZA?"
Con el comienzo del curso y con la realidad que tenemos delante, conviene que la pregunta meta la plaza dentro del Evangelio y el Evangelio dentro de la plaza.
En la prensa y en nuestra experiencia del día a día nos ayuda a hacer ese desplazamiento. Encontramos la guerra y sus derivaciones geopolíticas —Ucrania y las fronteras europeas—, el petróleo y los intereses económicos, pero también conflictos muy concretos: educación, sanidad, acceso al trabajo, inclusión laboral, migraciones, salarios y condiciones de vida. Se nos presenta, por ejemplo, la tensión bélica en la frontera ucraniana, el comienzo del curso escolar y las dificultades de acceso al empleo de personas con autismo, además de la cuestión de cómo retener talento sanitario. Aparece la guerra y la frontera con Polonia, el petróleo venezolano, la situación de los migrantes en Ceuta, las dificultades económicas de las familias y cuestiones relacionadas con educación y comprensión lectora.
Por eso reformularía radicalmente la pregunta.
En un mundo atravesado por guerras, intereses económicos, conflictos laborales, precariedad, migraciones, desigualdades y servicios públicos tensionados, y en una Iglesia que necesita personas para anunciar, servir y celebrar el Evangelio: ¿a qué «plaza» nos envía hoy Jesús y a quiénes nos invita a llamar para trabajar por el Reino, desde el comienzo del curso hasta el final, ofreciendo no solo una tarea, sino también dignidad, justicia, comunidad y esperanza?
Pero si nos situamos en la plaza (estoy ahí?), a la espera…. saldría Jesús a provocarnos:
«ID TAMBIÉN VOSOTROS A MI VIÑA»: ¿SALIMOS A LA PLAZA A INVITAR… Y QUÉ OFRECEMOS?
¿Invita (hoy invitamos) a trabajar por el Reino por un «sueldo justo», o invitamos a participar en una comunidad donde nadie quede en la plaza, donde cada persona sea reconocida en su dignidad y sus dones, y donde trabajar por el Reino signifique anunciar, servir, denunciar, transformar y celebrar?
Y también me resuena ¿Qué significa hoy «un salario justo» cuando Jesús habla de la viña?
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I. PUNTO DE PARTIDA: ¿QUÉ ESTÁ PASANDO? (VER)
Lectura de la PARABOLA…. La provocación de la parábola
Hay algo sorprendente en Mateo 20:
El propietario sale a buscar trabajadores.
Pero los últimos no dicen:
«No queremos trabajar».
Dicen:
«Nadie nos ha contratado».
Ahí hay una primera inversión del Evangelio.
Quizá nosotros solemos preguntar:
«¿Por qué la gente no se compromete?
¿Por qué no vienen?
¿Por qué no colaboran?
¿Por qué faltan voluntarios?»
Jesús podría estar preguntándonos:
«¿Habéis salido a la plaza a buscarlos?»
Y todavía una pregunta más:
«¿Qué les ofrecéis cuando los invitáis?»
- La «plaza» del comienzo de curso (Esto puede convertirse en el gran VER).
Estamos comenzando un curso pastoral. Pero el Evangelio nos obliga a no pensar solamente: «¿Qué vamos a programar este septiembre?» Porque la parábola tiene una pedagogía temporal muy interesante: amanecer → media mañana → mediodía → media tarde → última hora.
Es decir: Dios no hace una sola convocatoria.
La misión no tiene solamente inicio de curso.
Hay llamadas:
- al comienzo;
- cuando el curso se atasca;
- cuando llega el cansancio;
- cuando algunos abandonan;
- cuando aparecen nuevas necesidades;
- cuando parece que ya es demasiado tarde.
Por eso podríamos introducir una pregunta muy concreta:
¿Nuestra pastoral funciona como una campaña de matrícula en septiembre o como el propietario de la viña que sale continuamente a la plaza?
Antes de interpretar los textos, mirar nuestra realidad.
1.1. Una sociedad llena de personas «en la plaza»
La parábola comienza con una escena muy humana: Personas que están allí, disponibles, pero nadie las ha contratado.
Podemos preguntarnos:
- ¿Quiénes están hoy «en la plaza»?
- ¿Quiénes se sienten inútiles, descartados, invisibles o sin lugar?
- ¿Qué personas buscan una oportunidad y nadie se la ofrece?
- ¿Hay jóvenes sin horizonte?
- ¿Personas migrantes que no encuentran acogida: padrón, papeles, contrato, vivienda,…?
- ¿trabajadores precarios, que sostienen una sanidad tensionada, que luchan por mantener sus puestos de trabajo,…?
- ¿Personas mayores que sienten que ya no cuentan?
- ¿Personas que han abandonado la Iglesia porque nadie les volvió a llamar?
- ¿Personas que desean colaborar pero nunca han sido invitadas?
- ¿Personas que fueron llamadas hace muchos años y hoy están cansadas?
La prensa, las noticias nos muestra precisamente esa pluralidad de “plazas”: desde la guerra y las fronteras hasta los problemas de empleo, inclusión y servicios públicos… de ahí la pregunta: ¿a quién vemos cuando salimos a la plaza?
Clave: quizá el problema no sea siempre que haya gente que «no quiere trabajar», sino que nadie la ha llamado todavía. La parábola introduce así una mirada distinta sobre las personas: antes de juzgar su inactividad, pregunta: «¿Por qué estáis aquí todo el día sin hacer nada?»
Y escucha la respuesta: «Porque nadie nos ha contratado».
1.2. Mirar también nuestras comunidades
Preguntarnos:
- ¿Cómo hacemos nuestras invitaciones?
- ¿Invitamos o damos órdenes?
- ¿Abrimos puertas o seleccionamos?
- ¿Llamamos siempre a los mismos?
- ¿Hay «trabajadores de primera hora» que consideran la Iglesia suya?
- ¿Hay «trabajadores de última hora» que todavía no encuentran sitio?
- ¿Reconocemos los dones de cada persona?
- ¿Nuestra comunidad genera vocaciones al servicio o consumidores religiosos?
- ¿Hay tareas que nadie quiere asumir?
- ¿Hay personas con capacidades que no estamos viendo?
Y una pregunta más incómoda: ¿A quién estamos dejando en la plaza?
II.A. ESCUCHAR A JESÚS - JUZGAR
Aquí comenzaría propiamente el Estudio de Evangelio.
La pregunta no es simplemente qué pensamos nosotros sobre las invitaciones de Jesús. Es: ¿Qué hace Jesús cuando llama? ¿Cómo llama? ¿A quién llama? ¿Para qué llama?
Jesús apunta algunas características:
- Jesús es un dios que sale a buscar
- Jesus llama a personas diferentes
- La invitación es “ven”, pero también “Id”
- Jsús lla para anuciar el Reino
- La invitación de jesus es servicio
- Llama a servir desde los últimos
- Llama a denucniar
- Llama a testimoniar
JESUS, EL RESUCITADO
- La invitación se convierte en envio
- PRIMERA CARACTERÍSTICA: JESÚS ES UN DIOS QUE SALE A BUSCAR
Mateo 20,1-16: El propietario sale repetidamente. No manda un emisario. No coloca un anuncio. No espera que los trabajadores vengan. Sale.
Y vuelve a salir: al amanecer; a media mañana; al mediodía; a media tarde; al caer la tarde.
Leo/leemos Mateo 20,1-7.
Preguntas
- ¿Quién toma la iniciativa?
- ¿Quién busca a quién?
- ¿Cuántas veces sale el dueño?
- ¿A quién encuentra?
- ¿Qué diferencia hay entre los trabajadores de primera hora y los de última?
- ¿Qué significa que algunos digan: «Nadie nos ha contratado»?
Iluminación sinóptica. Esto conecta con la vocación de los primeros discípulos: Mc 1,16-20; Mt 4,18-22; Lc 5,1-11. Jesús pasa, mira, llama: «Venid en pos de mí». No comienza entregando un programa teológico. Comienza estableciendo una relación y proponiendo un camino. Y en Marcos aparece una expresión especialmente importante: «Os haré pescadores de hombres». La llamada contiene ya una misión.
- SEGUNDA CARACTERÍSTICA: JESÚS LLAMA A PERSONAS DIFERENTES
Jesús no construye una comunidad de clones. Llama a: pescadores; publicanos; personas socialmente cuestionadas; mujeres; enfermos; pecadores; personas consideradas alejadas; pobres; discípulos entusiastas; discípulos débiles; personas que comprenden; personas que no comprenden.
Textos: Mc 2,13-17 – Leví; Lc 8,1-3 – mujeres que acompañan a Jesús; Lc 19,1-10 – Zaqueo; Jn 1,35-51 – diferentes caminos de llamada;
Pregunta ¿Qué criterios utiliza Jesús para llamar que no coinciden con nuestros criterios habituales para elegir colaboradores?
- TERCERA CARACTERÍSTICA: LA INVITACIÓN ES «VEN», PERO TAMBIÉN «ID»
Hay un doble movimiento. Jesús dice: «Venid conmigo» pero también: «Id».
Primero convoca. Después envía.
Marcos 3,13-15. Jesús llama a los Doce: «Para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar». Aquí aparece una estructura fundamental: ESTAR CON JESÚS → SER ENVIADOS → ANUNCIAR EL REINO.
No hay misión sin relación con Jesús. Pero tampoco hay seguimiento verdadero que no desemboque en misión.
- CUARTA CARACTERÍSTICA: JESÚS LLAMA PARA ANUNCIAR EL REINO
El comienzo de la misión de Jesús es programático: Mc 1,14-15 «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios». La llamada de Jesús no consiste simplemente en: «Ven conmigo porque yo soy interesante». Es: «Ven y participa en la llegada del Reino de Dios».
Textos para ampliar: Mt 4,17; Mt 10,5-8; Lc 4,16-21; Lc 9,1-6; Lc 10,1-9… Y especialmente: Lucas 4,18-19
El Espíritu unge a Jesús:
- para anunciar la Buena Noticia a los pobres;
- proclamar libertad;
- devolver la vista;
- liberar a los oprimidos;
- anunciar un año de gracia.
Aquí aparece ya el contenido de la «viña». Trabajar por el Reino no es simplemente hacer cosas religiosas. Es colaborar con Dios en la transformación de la vida.
- QUINTA CARACTERÍSTICA: LA INVITACIÓN DE JESÚS ES SERVICIO
Aquí conecta extraordinariamente bien Mateo 20. Después de la parábola viene el conflicto de los discípulos por los primeros puestos. Jesús responde: Mt 20,25-28 «El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor». Y concluye: «El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida».
Esto es decisivo. La «viña» no es un lugar donde conquistar poder. Es un lugar donde servir.
Pregunta: ¿En qué se diferencia trabajar para el Reino de trabajar para nosotros mismos?
Podríamos formularlo así: Trabajar para el Reino no es ocupar un puesto; es ponerse al servicio de la vida.
- SEXTA CARACTERÍSTICA: JESÚS LLAMA A SERVIR DESDE LOS ÚLTIMOS
Aquí la parábola adquiere una dimensión social. El propietario comienza pagando por los últimos. Los últimos reciben el mismo salario. Y los primeros protestan.
Pregunta incómoda: ¿Qué ocurre cuando Dios pone en el centro a quienes nosotros ponemos en la periferia?
Esto conecta con: Mt 5,1-12 – Bienaventuranzas; Lc 4,18-21 sinagoga; Lc 6,20-26 bienaventuranzas; Lc 14,12-24 invitado a la boda; Lc 16,19-31 rico y lazaro; Mt 25,31-46 juicio…. El Reino altera nuestras prioridades. Por eso trabajar por el Reino implica también denunciar aquello que contradice el Reino.
7) SÉPTIMA CARACTERÍSTICA: JESÚS LLAMA A DENUNCIAR
No podemos separar anuncio y denuncia. Jesús anuncia la misericordia, pero también denuncia: la hipocresía; la explotación; el poder utilizado contra los demás; la religión convertida en carga; la exclusión; la riqueza que impide compartir; la búsqueda de prestigio.
Textos: Mt 23,1-36 contra los fariseos; Mc 12,38-40 guardarse de letrados; Lc 11,37-54 contra los fariseos; Lc 13,10-17 Mujuer tullida , Jn 2,13-22 purificación del templo; …
Pregunta: ¿Qué realidades de nuestro mundo necesitarían hoy que los discípulos de Jesús dijéramos una palabra profética?
Y otra: ¿Qué diferencia hay entre denunciar desde el Evangelio y simplemente criticar?
- OCTAVA CARACTERÍSTICA: JESÚS (resucitado) LLAMA A TESTIMONIAR
Aquí aparece una palabra muy propia de Juan. Juan 15,16. Jesús dice: «No sois vosotros quienes me habéis elegido; soy yo quien os he elegido». La iniciativa vuelve a ser de Jesús. Y la elección tiene una finalidad: «para que vayáis y deis fruto». No somos elegidos para formar un club. Somos elegidos para dar fruto.
Juan 15,26-27: El discípulo está llamado a dar testimonio. Juan 20,21 Después de la resurrección: «Como el Padre me envió, así también os envío yo». Esta frase es fundamental para nuestra pregunta. El Cristo resucitado no crea una misión nueva. Continúa la misión de Jesús.
- JESÚS RESUCITADO: LA INVITACIÓN SE CONVIERTE EN ENVÍO
(Aquí hay un segundo gran movimiento en el Estudio de Evangelio: De «venid» a «id»)
Mateo 28,18-20: «Id y haced discípulos a todos los pueblos». Marcos 16,15 «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio». Lucas 24,46-49 los discípulos serán: «testigos». Juan 20,21: «Como el Padre me envió, así también os envío yo». Hechos 1,8: «Seréis mis testigos».
Tenemos, por tanto, una evolución preciosa: JESÚS LLAMA → FORMA → ENVÍA → LOS DISCÍPULOS TESTIMONIAN → EL ESPÍRITU IMPULSA LA MISIÓN.
Hechos presenta explícitamente la continuidad entre el ministerio de Jesús y la misión apostólica posterior a la resurrección.
II.B. ESCUCHAR A JESÚS en la PRIMERA COMUNIDAD - JUZGAR
Contninuamos con iluminar nuestra vida (juzgar) desde las primeras comunidades: ¿Cómo trabajan los primeros discípulos en la viña?
- LOS HECHOS: ¿CÓMO TRABAJAN LOS PRIMEROS DISCÍPULOS EN LA VIÑA?
Aquí el Estudio de Evangelio puede hacerse especialmente práctico. Y asi, se nos propone: : anuciar, servir, testimoniar, abrir fronteras, celebrar
- Hch 2,14-41: Pedro anuncia a Cristo. Hch 3,11-26: Pedro interpreta el acontecimiento de Jesús. Hch 8,4-8: Los dispersos anuncian el Evangelio.
Desde ahí me pregunto: ¿Qué significa hoy anunciar a Cristo sin reducir el anuncio a «dar información religiosa»?
- Hch 6,1-7: La comunidad descubre que hay personas que están quedando desatendidas. La respuesta es organizar el servicio. Esto es muy importante: La misión necesita estructuras de servicio. No basta con hablar del amor. Hay que organizarlo.
Desde ahí me pregunto: ¿Qué necesidades concretas de nuestra sociedad reclaman hoy servidores del Reino?
- TESTIMONIAR: Hch 4,8-20 Pedro y Juan: «No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído». El testimonio no es propaganda. Es: contar aquello que hemos experimentado y que ha transformado nuestra vida.
- ABRIR FRONTERAS. Uno de los grandes descubrimientos de la Iglesia primitiva es que la viña no pertenece a un grupo. Hechos 10: Pedro entra en casa de Cornelio. Descubre que Dios no hace acepción de personas. Hechos 15: La Iglesia discierne si los gentiles tienen que asumir todas las cargas religiosas judías. La conclusión de Pedro es fundamental: «Lo mismo ellos que nosotros nos salvamos por la gracia del Señor Jesús».
Aquí Mateo 20 adquiere una profundidad extraordinaria. Los «últimos» no son invitados como ciudadanos de segunda. Son incorporados plenamente a la viña.
- La misión no termina en trabajar. Los Hechos muestran comunidades que: escuchan la Palabra; parten el pan; oran; comparten; celebran; dan gracias; viven la fraternidad. Hch 2,42-47.
Esto completa las cinco dimensiones que se nos proponen (Evangelii Nuntiandi de Pablo VI o Evangelii Gaudium del Papa Francisco): ANUNCIO – SERVICIO – TESTIMONIO – DENUNCIA – CELEBRACIÓN.
Una Iglesia que solamente trabaja se agota.
Una Iglesia que solamente celebra se encierra.
Una Iglesia que solamente anuncia puede convertirse en propagandística.
Una Iglesia que solamente denuncia puede volverse amarga.
Una Iglesia que solamente sirve puede olvidar la fuente de su servicio.
El Reino necesita las cinco dimensiones integradas.
- PABLO: CADA UNO RECIBE UNA INVITACIÓN DIFERENTE
Aquí conecta de nuevo con los obreros de la viña. Pablo desarrolla una verdadera teología de los dones.
Romanos 12,4-8: Un solo cuerpo. Muchos miembros. Diversos dones: profecía; servicio; enseñanza; exhortación; compartir; presidir; misericordia.
1 Corintios 12,4-27: Diversidad de dones, un mismo Espíritu.
Efesios 4,11-16: Diversidad de ministerios para la edificación del cuerpo de Cristo.
De ahí surge la pregunta: ¿Cuál es mi don para la viña? No: «¿Qué puesto puedo ocupar?» Sino: «¿Qué don he recibido y dónde puede dar fruto?»
FILIPENSES: TRABAJAR POR EL REINO ES «VIVIR EN CRISTO». Esta segunda lectura de este 25DTO-A ofrece otra clave. Pablo vive en una tensión: «Para mí la vida es Cristo».
Y por eso su vida no gira alrededor de sí mismo. Filipenses 1,20-24.27: La misión se convierte en modo de vivir.
Y el capítulo 2 ofrece el modelo definitivo, Filipenses 2,5-11: Cristo: se abaja; se despoja; toma condición de servidor; obedece; entrega la vida. Por eso, trabajar por el Reino no es simplemente hacer actividades cristianas. Es adoptar: «los mismos sentimientos de Cristo Jesús».
- JUAN: «PERMANECED EN MÍ»
Juan añade otra dimensión que puede faltar en una lectura demasiado activista. Juan 15,1-17. La vid y los sarmientos. La invitación es: «Permaneced en mí». Y solamente desde esa permanencia: «daréis mucho fruto». Esta puede ser una pregunta esencial para grupos de acción católica y apostólicos: ¿De dónde nace nuestro trabajo por el Reino? ¿De: obligación? activismo? necesidad de reconocimiento? costumbre? miedo? deseo de controlar? necesidad de sentirnos útiles?..... ¿O nace de: permanecer en Cristo y dejar que su vida dé fruto en nosotros?
- LAS CARTAS APOSTÓLICAS: «CADA UNO PONGA AL SERVICIO DE LOS DEMÁS EL DON QUE HA RECIBIDO»
1 Pedro 4,10-11 (es casi una síntesis del estudio): Cada uno ha recibido un don. Y ese don se recibe para ponerlo al servicio de los demás.
Santiago 2,14-17: La fe que no se traduce en obras está muerta.
1 Juan 3,16-18: No amar solamente «de palabra», sino con obras y de verdad.
Hebreos 10,24-25: Estimularnos: «al amor y a las buenas obras».
Y aquí me pregunto: ¿Qué tipo de trabajador del Reino me está pidiendo hoy Jesús que sea?
II.C. JUZGAR Y UNA SÍNTESIS: CINCO FORMAS DE TRABAJAR EN LA VIÑA
Podríamos llegar al final del Estudio de Evangelio construyendo entre todos esta tabla:
|
Invitación de Jesús |
Texto |
Trabajo por el Reino |
|
«Venid conmigo» |
Mc 1,16-20 |
Seguimiento |
|
«Id y anunciad» |
Mt 28,19 |
Anuncio |
|
«El que quiera ser grande, que sirva» |
Mt 20,26-28 |
Servicio |
|
«Seréis mis testigos» |
Hch 1,8 |
Testimonio |
|
«El Espíritu del Señor está sobre mí» |
Lc 4,18 |
Denuncia/liberación |
|
«Permaneced en mí» |
Jn 15,4 |
Vida espiritual |
|
«Haced esto en memoria mía» |
Lc 22,19 |
Celebración |
|
«Id y haced discípulos» |
Mt 28,19 |
Misión |
III ACTUAR
Aquí conviene que el Estudio de Evangelio no termine con una reflexión genérica. De ahí que proponga esta pregunta: Si hoy Jesús saliera a la plaza y me dijera «Id también vosotros a mi viña», ¿a qué me estaría enviando?
Incluso, me atrevo a preguntarme a mi mismo:
- ANUNCIO: ¿A quién necesito anunciar hoy una palabra de esperanza?
- SERVICIO: ¿A quién puedo ponerme a servir concretamente?
- TESTIMONIO: ¿Qué experiencia de Evangelio estoy llamado a contar-experimentar?
- DENUNCIA: ¿Qué situación injusta no puedo seguir ignorando?
- CELEBRACIÓN: ¿Qué motivo de agradecimiento necesito llevar a la comunidad?
Pero lo personal, no esta reñido de hacer con otras y otros, el actuar de grupo-comunitario. Podríamos proponernos como grupo concretar cinco compromisos para el curso:
- Una persona a la que invitar: ¿A quién podemos llamar porque quizá nadie le ha llamado?
- Un servicio que asumir: ¿Dónde necesita hoy la comunidad nuestra disponibilidad?
- Un testimonio que compartir: ¿Qué experiencia de fe podemos contar para despertar esperanza?
- Una realidad que denunciar: ¿Qué injusticia afecta a nuestros vecinos y reclama una palabra cristiana?
- Una realidad que celebrar: ¿Qué signos del Reino ya están germinando entre nosotros?
- PARA TERMINAR: LA PREGUNTA QUE DEJA MATEO
Volviendo al principio: «Id también vosotros a mi viña».
Y dejando unos minutos de silencio. Después leería lentamente:
«¿Cómo es que estáis aquí todo el día sin trabajar?»
«Nadie nos ha contratado».
«Id también vosotros a mi viña».
Y plantearía una última pregunta:
¿Qué cambia en nuestra manera de mirar a las personas cuando descubrimos que Jesús no ve «gente inútil», sino personas todavía no invitadas?
UNA CONCLUSIÓN PARA EL GRUPO ( a modo de propuesta)
Podría quedar como frase-síntesis del Estudio de Evangelio: Jesús no llama a unos pocos para que trabajen por todos. Sale continuamente a la plaza, busca a quienes están disponibles y los invita a entrar en la viña. Llama para estar con Él, anuncia el Reino, forma servidores, envía testigos, despierta una palabra profética ante la injusticia y reúne a la comunidad para celebrar. Después de la Pascua, el Resucitado retoma la misma invitación: «Como el Padre me envió, así también os envío yo». El Espíritu convierte aquella llamada en misión.
La pregunta ya no es solamente: «¿Estoy llamado?». La pregunta es: «¿Dónde me está llamando hoy Jesús a trabajar por su Reino?».
Esta lectura permite además integrar muy bien Isaías 55 (1ª lectura de este domingo 25 TO-A): los caminos de Dios no son nuestros caminos. En Mateo, la gratuidad de Dios desconcierta a quienes piensan desde el mérito; en Hechos, esa misma gratuidad rompe las fronteras entre judíos y gentiles; en Pablo, se traduce en diversidad de dones; y en Juan, en permanecer en Cristo para dar fruto. La lógica profunda es la misma: la iniciativa es de Dios, la respuesta es nuestra y el fruto es para los demás. Como podeis ver, hay una continuidad entre los Evangelios, el testimonio de Hechos y la respuesta de las cartas a las circunstancias concretas de las comunidades
Una posible oración para finalizar rezando:
Señor Jesús,
tú sigues saliendo a nuestras plazas.
Ves a quienes esperan,
a quienes buscan,
a quienes se sienten inútiles,
a quienes llegan tarde,
a quienes todavía nadie ha llamado.
Llámanos de nuevo a tu viña.
Enséñanos a anunciar sin imponer,
servir sin buscar poder,
testimoniar sin presumir,
denunciar sin odio
y celebrar sin excluir.
Que permanezcamos en ti
para dar fruto.
Y que, como el Padre te envió a ti,
también nosotros sepamos escuchar
tu palabra:
«Id también vosotros a mi viña».
Amén.
ANEXO EN CLAVE SOCIAL-POLITICA - ¡provocador!
La pregunta inicial que planteo —«¿Cómo son las invitaciones de Jesús de Nazaret y del Cristo resucitado a trabajar por el Reino?»— puede quedarse demasiado dentro de la dinámica eclesial. Y con la realidad que tenemos delante, conviene que la pregunta meta la plaza dentro del Evangelio y el Evangelio dentro de la plaza.
La prensa de hoy ayuda a hacer ese desplazamiento. Encontramos la guerra y sus derivaciones geopolíticas —Ucrania y las fronteras europeas—, el petróleo y los intereses económicos, pero también conflictos muy concretos: educación, sanidad, acceso al trabajo, inclusión laboral, migraciones, salarios y condiciones de vida. Por ejemplo, la tensión bélica en la frontera ucraniana, el comienzo del curso escolar y las dificultades de acceso al empleo de personas con autismo, además de la cuestión de cómo retener talento sanitario. Conflicto que aparecen con la guerra y la frontera con Polonia, el petróleo venezolano, la situación de los migrantes en Ceuta, las dificultades económicas de las familias y cuestiones relacionadas con educación y comprensión lectora.
Ahí resuena en el ESTUDIO DE EVANGELIO: «ID TAMBIÉN VOSOTROS A MI VIÑA» ¿A quién invita Jesús, para qué y en qué condiciones?
Pregunta central propuesta
- En un mundo atravesado por guerras, intereses económicos, conflictos laborales, precariedad, migraciones, desigualdades y servicios públicos tensionados, y en una Iglesia que necesita personas para anunciar, servir y celebrar el Evangelio: ¿a qué «plaza» nos envía hoy Jesús y a quiénes nos invita a llamar para trabajar por el Reino, desde el comienzo del curso hasta el final, ofreciendo no solo una tarea, sino también dignidad, justicia, comunidad y esperanza?
- ¿Invitamos a trabajar por el Reino por un «sueldo justo», o invitamos a participar en una comunidad donde nadie quede en la plaza, donde cada persona sea reconocida en su dignidad y sus dones, y donde trabajar por el Reino signifique anunciar, servir, denunciar, transformar y celebrar?
- La provocación de la parábola
Hay algo sorprendente en Mateo 20:
El propietario sale a buscar trabajadores.
Pero los últimos no dicen:
«No queremos trabajar».
Dicen:
«Nadie nos ha contratado».
Ahí hay una primera inversión del Evangelio.
Quizá nosotros solemos preguntar:
«¿Por qué la gente no se compromete?
¿Por qué no vienen?
¿Por qué no colaboran?
¿Por qué faltan voluntarios?»
Jesús podría estar preguntándonos:
«¿Habéis salido a la plaza a buscarlos?»
Y todavía una pregunta más:
«¿Qué les ofrecéis cuando los invitáis?»
VER
- La «plaza» del comienzo de curso (Esto puede convertirse en el gran VER)
Estamos comenzando un curso pastoral. Pero el Evangelio nos obliga a no pensar solamente: «¿Qué vamos a programar este septiembre?»
Porque la parábola tiene una pedagogía temporal muy interesante: amanecer → media mañana → mediodía → media tarde → última hora.
Es decir: Dios no hace una sola convocatoria.
La misión no tiene solamente inicio de curso. Hay llamadas: al comienzo; cuando el curso se atasca; cuando llega el cansancio; cuando algunos abandonan; cuando aparecen nuevas necesidades; cuando parece que ya es demasiado tarde.
Por eso podríamos introducir una pregunta muy concreta: ¿Nuestra pastoral funciona como una campaña de matrícula en septiembre o como el propietario de la viña que sale continuamente a la plaza?
- Y aquí aparece la realidad social
La plaza de Mateo 20 no es una plaza abstracta. Hoy está llena de personas:
- que buscan empleo;
- que reclaman un salario digno;
- que trabajan en condiciones precarias;
- que sostienen una sanidad tensionada;
- que enseñan en aulas cada vez más complejas;
- que luchan por conservar su puesto en empresas;
- que no encuentran una oportunidad por tener una discapacidad;
- que llegan de otros países buscando una vida digna;
- que viven conflictos políticos y sociales;
- que sufren las consecuencias de guerras cuyos intereses económicos les quedan muy lejos.
La prensa de estos dias muestra precisamente esa pluralidad de «plazas»: desde la guerra y las fronteras hasta los problemas de empleo, inclusión y servicios públicos.
Entonces la pregunta evangélica se vuelve mucho más incómoda: ¿A quién vemos cuando salimos a la plaza?
- «¿Salimos a la plaza e invitamos por un sueldo justo?»
¿Salimos a la plaza e invitamos por un sueldo justo?
Es una pregunta para provocar. Porque la respuesta cristiana no puede ser simplemente: «Sí, necesitamos más voluntarios».
Hay que preguntar: ¿Qué ofrecemos?
¿Ofrecemos: reconocimiento; participación; formación; responsabilidad; comunidad; descanso; cuidado; justicia; salario digno cuando corresponde; corresponsabilidad; capacidad real de decidir; posibilidad de crecer?
O simplemente: «Necesitamos gente para que esto siga funcionando».
Ahí la parábola se vuelve profética también para la Iglesia.
Os dejo una propuesta que un colectivo de Laicos en Vizcaya (BERPIZTU) ha hecho para este curso baf2fcb: “¿Por qué no es codecisivo el poder de la Iglesia?” Jornadas teológico-pastorales: curso 2026-2027
- La Iglesia también tiene «trabajadores de primera y última hora»
Una observación importante: «Una Iglesia que quiere hacer y no encuentra (encontramos) personas, ni de primera ni de última hora».
Aquí Mateo 20 puede ser leído desde dentro de la propia Iglesia. Tenemos:
- Los de primera hora. Personas que llevan décadas: sosteniendo comunidades; catequizando; celebrando; limpiando; organizando; visitando enfermos; llevando asociaciones; trabajando pastoralmente….. Y podemos caer en el riesgo de pensar: «Esto siempre lo hemos hecho nosotros».
- Los de última hora. Personas que aparecen ahora: jóvenes; adultos alejados; personas que vuelven; migrantes; laicos con nuevas capacidades; personas que nunca habían encontrado su lugar; creyentes que no quieren «entrar en una estructura» pero sí quieren comprometerse con una causa.
Y entonces aparece la pregunta del hermano mayor: ¿Cómo reaccionamos cuando los últimos reciben el mismo lugar que los primeros?
- Por eso la pregunta puede adquirir una segunda formulación
¿QUIÉN ESTÁ HOY EN LA PLAZA?
¿Quiénes esperan una oportunidad?
¿Quiénes están cansados de trabajar?
¿Quiénes quieren trabajar y nadie los contrata?
¿Quiénes trabajan y no reciben un salario digno?
¿Quiénes tienen capacidades pero quedan excluidos?
¿Quiénes llegan tarde porque nadie los llamó antes?
¿Quiénes están en nuestras comunidades esperando que alguien les diga: «Venid también vosotros»?
Y después: ¿Y NOSOTROS, DE QUÉ PARTE ESTAMOS?
¿Somos los que esperan?
¿Los que contratan?
¿Los que protestan porque otros reciben lo mismo?
¿Los que salen a buscar?
¿Los que nunca salen de la viña?
¿Los que llegan a última hora?
- VER: una plaza atravesada por conflictos (propongo VER en cinco plazas):
- La plaza de la guerra: ¿Qué intereses mueven hoy las guerras? Energía, petróleo, gas, territorios, poder, seguridad... La prensa de hoy vuelve a poner delante la guerra de Ucrania y la dimensión energética y geopolítica de los conflictos.
Pregunta: ¿Dónde está la viña del Reino cuando los intereses económicos pesan más que la vida humana?
- La plaza del trabajo: Sanidad, enseñanza, empresas, discapacidad, salarios, precariedad... ahí hay conflictos. La prensa nos plantea hoy la dificultad de acceso al trabajo de personas con autismo y la retención del talento sanitario; la presión económica que viven los hogares y la relación entre ingresos y esfuerzo para acceder a determinados bienes.
Pregunta: ¿Qué significa hoy «dar a cada uno lo necesario para vivir con dignidad»?
- La plaza de la educación: Comienza el curso. Pero no todos comienzan desde el mismo lugar. Hay diferencias de capacidades, oportunidades, comprensión, recursos, inclusión. La prensa recoge hoy la preocupación por la comprensión lectora y los desafíos educativos.
Pregunta: ¿Qué niños, jóvenes o adultos están quedándose hoy en la plaza sin que nadie les ofrezca una oportunidad?
- La plaza de la migración: Ceuta, fronteras, Marruecos, Europa. Personas que esperan. Personas que son trasladadas. Personas que buscan un futuro. Los países tienen el deber de regular sus fronteras y flujos migratorios. La prensa de hoy muestra precisamente la tensión política y social alrededor de la llegada y acogida de migrantes.
Pregunta: ¿Son para nosotros trabajadores de la viña, hermanos, competidores, problema… o personas que Dios también está llamando?
- La plaza de la Iglesia: ¿Quién está hoy en la plaza esperando que la Iglesia le invite? No solamente: «¿Quién puede ayudarnos?» sino: «¿A quién podemos ofrecerle un lugar?»
JUZGAR
- JUZGAR: ¿qué hace Jesús cuando sale a la plaza?
Aquí recuperaría todo el estudio bíblico anterior, pero con una pregunta nueva. No solamente: ¿Cómo llama Jesús? Sino:
¿QUÉ TIPO DE RELACIÓN CREA JESÚS CUANDO LLAMA?
Y aparecerían:
Mc 1,16-20: «Venid conmigo».
Mc 3,13-15: «Para que estuvieran con él y para enviarlos».
Lc 4,18-21: La misión dirigida a pobres, cautivos, ciegos y oprimidos.
Mt 20,1-16: La salida constante a la plaza y la justicia que no funciona según nuestros criterios de mérito.
Mt 20,25-28: «El que quiera ser grande, que sea vuestro servidor».
Jn 15,16: «Yo os he elegido».
Jn 20,21: «Como el Padre me envió, así también os envío yo».
Hch 1,8: «Seréis mis testigos».
Y entonces aparece una conclusión importante: Jesús no invita simplemente a «hacer cosas». Invita a entrar en su misión.
- Y aquí cambiaría incluso «trabajar por el Reino»
Porque «trabajar» puede llevarnos a pensar exclusivamente en productividad. Podemos preguntar: ¿Qué significa «trabajar en la viña»?
¿Es: producir? llenar actividades? mantener estructuras? conseguir voluntarios? hacer funcionar la parroquia?
¿O es: hacer presente el modo de vivir de Jesús?
Entonces las cinco palabras que se nos proponen adquieren todo su sentido:
ANUNCIAR: Decir que el Reino está cerca.
SERVIR: Poner la vida al servicio de los demás.
TESTIMONIAR: Mostrar con la propia vida que el Evangelio es posible.
DENUNCIAR: Nombrar aquello que destruye la dignidad y la vida.
CELEBRAR: Reconocer y agradecer los signos del Reino que ya están ocurriendo.
- Y el «salario» cambia de significado
Aquí está, a mi juicio, un núcleo (no se si es teológico o no) rico y sugerente que sale (anque no sea el pretendido por el texto -creo). Si el denario de Mateo 20 garantiza a todos lo necesario para vivir, ¿qué nos está diciendo Jesús sobre la justicia, el trabajo y la dignidad humana?
Y después, una pregunta muy material (sobre liberados curas o laicos): ¿Puede una comunidad cristiana pedir gratuitamente tiempo, capacidades y compromiso mientras en la sociedad defiende justamente el trabajo digno? (pregunta cara a evita una lectura ingenuamente espiritualista). Porque el Evangelio no dice que dé igual cobrar o no cobrar. La parábola utiliza precisamente el conflicto del jornal, del trabajador y de la justicia… para provocar o para señalar la generosidad de Dios, por encima del mérito o de las horas curradas?.
Poro surgen preguntas y cuestiones: El Reino no puede ser explotación religiosa.
No podemos invitar a trabajar por el Reino utilizando a las personas. Y ahí esta el reto: Invitar es reconocer, dignificar, incorporar, confiar una responsabilidad y cuidar al trabajador y al servidor…. O a los jubilados y jubilados acogerlos desde su generosidad …
ACTUAR
- ACTUAR: no solamente «¿qué voy a hacer?»
¿A QUÉ PLAZA VOY A SALIR ESTA SEMANA?
Y concretar:
¿A quién voy a buscar?
¿A quién voy a escuchar?
¿A quién voy a invitar?
¿A quién voy a defender?
¿Con quién voy a colaborar?
¿Qué realidad injusta voy a denunciar?
¿Qué signo del Reino voy a celebrar?
- Y mantener la viña abierta todo el curso
No hay vacaciones para salir a la plaza. Pero tampoco significa vivir en permanente activismo.
La cuestión es otra: ¿Tenemos una comunidad que sabe salir a buscar personas durante todo el año?
Septiembre: ¿A quién invitamos al comienzo?
Mitad de curso: ¿Quién se ha cansado y necesita ser acompañado?
Cuaresma / Pascua: ¿Qué necesita ser convertido y renacer?
Final de curso: ¿Quién ha llegado a última hora?
Y la parábola nos recuerda: Para Dios nunca es demasiado tarde para invitar.
- La pregunta definitiva que propondría
Después de todo esto, creo que podríamos dejar una única pregunta central, fuerte y abierta: «ID TAMBIÉN VOSOTROS A MI VIÑA»
En una sociedad llena de plazas donde hombres y mujeres esperan trabajo, dignidad, justicia, acogida, reconocimiento y esperanza; en medio de guerras, conflictos sociales y laborales, desigualdades y fronteras; y en una Iglesia que también necesita personas para anunciar, servir, testimoniar, denunciar y celebrar:
¿A qué plaza nos manda hoy Jesús a salir, a quiénes estamos llamados a invitar y qué Reino queremos construir con ellos, desde la primera hora hasta la última, procurando que nadie quede fuera y que el «salario» del Reino sea siempre la dignidad, la justicia, la fraternidad y la vida para todos y todas?
Y como pregunta provocadora para abrir el encuentro, dejaría simplemente: «¿SALIMOS A LA PLAZA E INVITAMOS… PERO QUÉ OFRECEMOS?» ¿Un puesto? ¿Una tarea? ¿Un sueldo? ¿Un voluntariado? ¿Una obligación? ¿O una participación real en la viña de Dios, donde cada persona cuenta y nadie llega demasiado tarde?
Esta reflexión, creo que permite abrir el texto de Mateo 20, que deje de ser solamente una parábola sobre «los primeros y los últimos» y se convierta en una parábola sobre nuestra manera de construir sociedad, trabajo, Iglesia y Reino. Y permitir además leer en una misma dirección a Isaías —los caminos de Dios no son nuestros caminos—, a Jesús —«id también vosotros»—, al Resucitado —«como el Padre me envió, así también os envío yo»— y a Pablo —cada uno con su don al servicio del cuerpo—.