El cuerpo y la sangre de Cristo C

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Propuesta de José María Tortosa

OFRENDAS DE AMOR

 

De pequeño, al llegar este día, mis padres decían en casa que “tres jueves tiene el año que brillan como el sol: Jueves santo, Corpus Christi y la Ascensión”. Luego nos explicaban, a su manera, que eran fiestas que recordaban nuestra tradición y momentos significativos de la vida de Jesús, pero ahí quedaba todo, porque no nos decían el por qué profundo de su creencia en tales acontecimientos y para qué les ayudaba en sus vidas. Hoy, alguna de estas fiestas y, en algunos sitios, ya no brilla en jueves, sino en domingo. Nos da igual el día, pues lo importante es que para los que nos sentimos cristianos, brillen y sepamos captar su significado para nuestras vidas y, más aún, saberlo transmitir para que anime y sea posible la fe en otras personas.

Y, luego, en la parroquia intentábamos vivir esta celebración condensándola en el canto “Cantemos al amor de los amores” o “Un mandamiento nuevo”, para dejar clarito que el Cuerpo y la Sangre de Cristo son ofrendas de amor y entrega por el bien de las personas. Creo que no éramos muy conscientes de lo que decíamos, cantábamos y vivíamos, porque más bien lo hacíamos como una fiesta o tradición más, sin pararnos mucho en su sentido. Pues que conste que, dar la vida por amor, no es nada fácil ni se ve todos los días con esa radicalidad que le dio Jesús, ¿no crees?

Bueno, el caso es que hemos llegado hasta el año 2019 y seguimos celebrando esta fiesta con bastante despliegue de medios (efectos especiales) en todos los sentidos: niños de primera comunión, procesión con altares y flores de lo más colorido, autoridades, bandas de música, custodias de lujos variados, palios, etc. y, creo que aún estamos lejos de saber lo que esta celebración compromete en relación a crear comunión entre unos y otros, así como conectarnos directamente con el acontecimiento pascual de Cristo: “Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva” (1Cor 11,23-26); y ya sabemos que esa proclamación es subversiva y costó la vida a muchos. También sabemos que este gesto exige partir y repartir, enseñar, curar, dar de comer, hasta que todos y todas queden saciados (Lc 9,11b-17). Exige descubrir la situación en que se encuentra la gente, tomar iniciativas y buscar soluciones concretas. Esto es lo que estamos esperando con la crisis de los refugiados; crisis, ¡no!, ¡oportunidad!

“Jesús no ha entrado en la historia bajo palio sino a la intemperie y por eso sabe de hambre, de sed, de cansancios y de cuánto sus hermanos necesitamos el pan. Por eso nos enseña a pedírselo sencillamente y confiadamente al Padre”.

Pero, me da la impresión, que se sigue como los discípulos, queriendo despedir a la gente, pues se sienten escogidos exclusivos de Cristo y, los otros, les estorban. “Dadles vosotros de comer” será la contestación de Jesús, porque forma parte de su tarea de anuncio del Reino. Servidores de la mesa de la Palabra y servidores de la mesa de la Eucaristía, no pueden separarse porque se parcela el mensaje de Cristo. Y en esto, no hay milagros ni gestos extraordinarios que no podamos explicar; sino que compartiendo, los hambrientos son saciados y crecen nuevas posibilidades para todos. Así, la Eucaristía será auténtica, si quienes participamos en ella somos solidarios y compartimos lo que tenemos. Con ello estamos pidiendo una nueva sociedad y un nuevo orden internacional que sea capaz de quitar el sufrimiento, el hambre y la miseria de tantos hermanos y hermanas nuestras. Sabemos que esto es posible y por ello no podemos callar tanta insolidaridad, injusticia y ansias de acumular. El pan, don de la tierra, es necesario para poder vivir con dignidad y no se puede quitar ni negar. Jesús lo utiliza en la Eucaristía como don de Dios para toda la humanidad que se entrega –como Él- por amor para que nadie quede excluido ni le falte lo necesario para vivir dignamente. Esta es la tradición recibida, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido, podemos concluir, parafraseando a San Pablo.

 

José Mª Tortosa Alarcón. Presbítero en la Diócesis de Guadix-Baza

PREGUNTAS:

  1. ¿Qué significa para ti celebrar la Eucaristía y comulgar en ella con Jesucristo?
  2. ¿Qué provoca en ti oír “dadles vosotros de comer”?
  3. ¿Qué te sugiere la frase “donde no hay justicia no hay eucaristía”?