Domingo 5º T.O. - C. 2022

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Estudio de Evangelio. Antonio Gutiérrez Domínguez, diócesis de Granada

En el Evangelio de este domingo de nuevo se nos pone de manifiesto la importancia de la Palabra de Dios. S. Lucas utiliza esta expresión,"…La gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios”

 
6 febrero 2022. Lc 5,1-11
 
Aparece Jesús anunciando la Palabra en la orilla del lago de Galilea, no en la sinagoga, donde pueden escucharle una multitud;  no un grupo selecto, sino pobres, pecadores, alejados, poniendo así de manifiesto que la palabra de Dios se dirige a todos, pero especialmente a los más alejados o descartados, una multitud deseosa de escucharle.
 
La mirada y la palabra en la siguiente escena que nos presenta el evangelista la deposita  Jesús en dos  pescadores que estaban  reparando sus redes, en especial en uno de ellos, Simón; sube a su barca y le pide que se aparte un poco de tierra, le pide le ayude a predicar la palabra poniendo la barca a su servicio para predicar a todos.
 
Cuando acaba de hablar, S. Lucas nos sitúa en otra escena distinta, el diálogo con Simón. Le pide reme mar adentro, que abandone con valentía las tranquilas aguas de la orilla, se lance a mar abierto y tire las redes. Simón era un pescador experimentado y había pasado toda la noche tratando de pescar sin obtener ningún resultado. Como profesional de la pesca sabe muy bien que no se pesca a plena luz del día, especialmente si no se ha pescado nada durante la noche. Sin embargo, Jesús lo ha impresionado.  Se fía de su palabra: “Maestro, por tu palabra voy a echar las redes”. Sólo porque Tú lo dices; mi experiencia y mis conocimientos me dicen que esto no tiene sentido, que no funcionará, pero me fío de Ti y de tu palabra. Y Simón se lanza hacia las aguas profundas del lago, sin temor, sostenido sólo por la fe en la palabra de Jesús. El resultado de la pesca es extraordinario.
 
¿De dónde viene este éxito si toda la noche estos hombres han luchado en vano? De la fe y confianza en la palabra de Jesús. La mirada de Jesús fascinó a Simón, que se sintió amado y atraído por Él, tanto, que confió en Él sin medida.
 
Es una gran lección válida siempre para la misión de la Iglesia: no basta con hacer cosas, tener sentido común, organizar planes de pastoral, prepararse teológicamente. Todo eso puede ser útil, pero si la misión no se realiza después de haber sido mirados por Jesús, después de escucharlo y poner toda nuestra confianza en Él, todo será estéril e inútil.
 
La evangelización, la misión, no alcanza su éxito por la pericia humana, es algo mucho más profundo. Es, sobre todo, obra de Jesús. Ciertamente es necesaria nuestra entrega generosa, creativa, sacrificada, pero debemos ejercitarnos sobre todo en dejar que sea Él, Jesús, quien haga fecundos nuestros esfuerzos. Como Él quiera, cuando Él lo decida.
 
En los fracasos de la vida no hay que desanimarse, Jesús no va buscando gente perfecta, sino personas que confíen, que sepan abandonarse en Dios, con gran valentía y una esperanza fuerte. Jesús elige siempre pecadores que, al descubrirse perdonados y amados por Dios, entienden mejor su mensaje.
 
Es conmovedor cómo actúa Jesús ante la confesión del propio pecado que hace Simón, no se aleja de él, al contrario, se acerca y le dice: “No tengas miedo, de ahora en adelante serás pescador de hombres." Jesús ve en aquel hombre su futuro como apóstol, ve frutos abundantes en  la esterilidad, ve la santidad a través del pecado. A Jesús le basta que Simón acepte con confianza en Dios que siempre será un discípulo pecador. Eso somos todos, nada más que eso: pecadores perdonados amorosamente por Dios. Confesando su pecado, Simón está preparado para la misión. Consciente de su debilidad; humilde al haber escuchado la palabra de Jesús, que lo invita a no tener miedo y a confiar. Jesús le hace libre para liberar a otros.
 
Remar mar adentro es abandonar la tranquilidad de la costa y entrar en las aguas profundas de la humanidad, en la profundidad del misterio de Dios y del hombre, remar hasta la profundidad del  amor de Dios manifestado en Jesús, para liberar a los hombres que son víctimas de la injusticia de este mundo.
 
Ser pescador de hombres es tender una mano al que está caído, es ayudar amorosamente al que está pasando necesidad, es animar al que ya no tiene esperanza. Ser pescador de hombres es lo mismo que ser rescatador de hombres, constructor de hombres; es rescatar a los seres humanos a la vida, ayudándoles a salir de las tinieblas a la luz, de la soledad a la familiaridad y la fraternidad, de la esclavitud a la libertad.
 
Hay otra existencia luminosa, llena de vida que Dios quiere para nosotros. Ser constructor de hombres para la honestidad, la justicia y la tolerancia; es colaborar en crear una nueva convivencia social, nuevos vínculos donde el dinero no sea un dios ni la ambición de poder una ley de vida; es ser voz de los que en la sociedad son atropellados en sus derechos y no tienen fuerza para alzar su propia voz. Pescar hombres es liberar hombres, rescatarlos del mal, de todo lo que oprime y deshumaniza, de situaciones que atentan contra su libertad y su dignidad. Esta es la misión de todos los discípulos de Jesús.
 
 Aquellos pescadores no tuvieron miedo de decir sí a Jesús; tomaron la decisión más importante de su vida. Descubrieron que valía la pena seguir a Jesús y fundamentar la propia vida en su palabra.
Cuando Jesús llama, transforma lo que hacemos, transforma nuestra propia existencia hasta tal punto que lo abandonamos todo, dejamos de ser lo que éramos y nos comprometemos con una existencia nueva y una misión que tendremos que realizar en el futuro.
 
Que, como Pedro, cada uno de nosotros experimentemos Tu amor, un amor que nos hace libres, fecundos, un amor que no nos quita nada y que nos da todo.
 
Antonio  Gutiérrez Domínguez
Párroco de S. Isidro. Granada.