Josep María Romaguera Bach. Diócesis de Barcelona
Pauta para el Estudio de Evangelio personal o compartido en grupo
1. Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer
2. Anoto algunos hechos vividos esta última semana
3. Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo
4. Anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...Los discípulos son “instruidos” por Jesús en el camino. ¿Qué experiencias vivo/vivimos de acoger al Evangelio, la enseñanza de Jesús, en la misma vida, en la acción? Dicho de otro modo, ¿Qué valor damos a la vida como lugar en el que Dios se hace presente y nos habla?
5. Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...En alguna de las personas con quienes me he relacionado esta semana (en el barrio, en el trabajo...), ¿he vivido la experiencia de acoger a Jesús y al que lo ha enviado?
6. Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)
7. Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...
Notas por si hacen falta
Notas para seguir el hilo del Evangelio
- El pasado domingo tuvimos el pasaje de la confesión de Pedro (Mc 8,27-35) en el que Jesús anunciaba su muerte–resurrección (Mc 8,31) y en el que los apóstoles no lo aceptaban (Mc 8,32). Ante esta cerrazón, Jesús reacciona duramente (Mc 8,33) y manda a Pedro –y, en él, a cualquier discípulo– que se ponga detrás de Él, en actitud de seguimiento, y no delante, desde donde quería marcar el camino del Mesías (Mc 8,29). Después (Mc 8,34-38) Jesús explica que seguirlo supone tomar la propia cruz, dar la vida y no avergonzarse ante la gente. Queda claro que es un acto de libertad: el que quiera... (Mc 8,34).
- Además, entre aquel pasaje y el de hoy, encontramos unas narraciones que conviene tener en cuenta: la transfiguración (Mc 9,2-13) y el relato de un hecho bien interesante (Mc 9,14-29). Se trata del caso de un hombre que pide a los discípulos que echen de su hijo a un espíritu sordo y mudo. Los discípulos no pueden. Jesús reprocha a los discípulos la falta de fe y constata la de aquel hombre que aprovecha para pedir a Jesús que le ayude a tener más fe. Los discípulos, finalmente, le preguntan a Jesús como es que no han podido, y Él les dice que tenían que orar.
Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio
- Jesús y los discípulos están en movimiento: “se marcharon de ...” (30), “llegaron a ...” (33). Es actitud permanente en el Evangelio. Pero ahora están haciendo un camino muy concreto: la subida a Jerusalén, el camino a la Pascua –muerte y resurrección–.
- Jesús es Maestro. Haciendo camino va dando su enseñanza sobre el sentido de este mismo camino: “instruía” (31) sobre lo que pasará, que el poder de este mundo querrá quitárselo de encima y que la muerte no tendrá la última palabra. Podemos decir que educa en la acción y mediante la acción. Podemos decir, también, que, en Él, palabra y acción van juntas.
- También es Maestro cuando, llegados a “casa” (33), provoca una revisión de la jornada. El evangelista lo remarca diciendo que “se sentó...” (35), gesto indicativo de enseñanza. Podemos decir que Jesús nunca deja de educarnos. Y lo hace con una pedagogía que consiste en hacer preguntas (33), tomando la iniciativa para ver qué aprenden y para desbloquear “miedos” (32).
- Con la remarca de que Jesús “se sienta”, Mc nos está indicando que Jesús está a punto de dar una enseñanza especialmente importante. Ciertamente, da la vuelta (35ss) a la idea común sobre quien es “el más importante” (34): entre los seguidores de Jesús “el primero” es el que se hace “el último de todos y el servidor de todos” (35).
- Y pone un ejemplo: “un niño” (36). Los niños no tenían protagonismo en la sociedad de la Palestina de aquel momento. Jesús se identifica con ellos, que aquí representan a los más pequeños, los más pobres y débiles: quien acoge a un niño “me acoge a mí”, dice (37).
- Pero todavía dice más: quien acoge a un niño, acoge a Dios mismo (37). Y diciendo esto, Jesús habla de Dios como el que envía y de sí mismo como el Enviado. En tiempos de Jesús era habitual la idea de que el enviado es igual al que lo envía; aquí no se trata solamente de valorar la hospitalidad sino de la posibilidad de reconocer a Dios que nos visita.
- Toda esta enseñanza de Jesús tiene consecuencias–compromisos para quien quiera hacer caso, para quien quiera seguirle con libertad:
- hacerse “el último de todos”, “servidor de todos” (35); es decir, renunciar a todo poder
- apoyar las relaciones comunitarias en la actitud de servicio desinteresado y generoso
- acoger a los últimos: niños, pobres, enfermos...
- Quien asume todo esto, recibe el fruto: acoge a Jesús, acoge al Padre.