DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO -CICLO B -2024

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Josep María Romaguera Bach. Diócesis de Barcelona

En el Evangelio del próximo domingo encontramos a una viuda pobre que lo da todo. Como Jesucristo. Icono del Señor. Icono del verdadero discípulo.

 

Pauta para el Estudio de Evangelio personal o compartido en grupo

1. Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer

2. Anoto algunos hechos vividos esta última semana

3. Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo

4. Anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho... Pienso en situaciones y hechos de mi vida. ¿Qué me seduce más: las riquezas o este Jesús que se da totalmente y me invita a darme como Él? ¿Cómo respondo a esta seducción?

5. Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor... ¿Qué testimonios de generosidad encuentro ahí?

6. Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)

7. Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

 Notas por si hacen falta

 Notas para seguir el hilo del Evangelio

 

  • Estamos en el contexto de la llegada de Jesús a Jerusalén y de lleno en la polémica con los dirigentes del templo (Mc 12,35). Es éste el escenario donde, ahora, Jesús “enseña a la gente” (38).
  • El evangelista nos presenta dos de las diversas situaciones que se dieron en aquella visita al templo. Una es la instrucción sobre los “escribas” (38-40). La otra, la enseñanza a los discípulos a partir de la observación del quehacer de los pobres. Ambas situaciones muestran que Jesús saca conclusiones de todo lo que ha visto y experimentado a lo largo de su camino hasta Jerusalén y, concretamente, en el corazón de la religión de su pueblo.
 Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

 

  • La instrucción sobre “los escribas” (38-40) es como una conclusión de la polémica de Jesús con este grupo que tanto peso tenía en el judaísmo de su tiempo. Es en este contexto que tienen que leerse unas palabras tan duras, ya que no siempre han sido negativos los encuentros que Jesús ha tenido con los escribas –sólo hay que leer el pasaje que encontrábamos el pasado domingo (Mc 12,28b-34), en concreto el último versículo–.
  • Jesús cuestiona tres aspectos del comportamiento de los escribas. En primer lugar, la vanidad, que es la búsqueda de reconocimiento en los demás (38-39). En segundo lugar, la hipocresía, por la que una persona convierte a la religión en tapadera del egoísmo más agudo: “con el pretexto de largos rezos” (40). Finalmente, una conducta mucho más grave: abusan de los pobres (40).
  • Lo que Jesús cuestiona de los escribas es propio de toda persona religiosa cuando en su vida no hay unidad entre el primer y el segundo mandamientos (Mc 12,29-33). Aquel escriba con quien Jesús hablaba (el pasado domingo) de los mandamientos, tenía clara la unidad: tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios (Mc 12,32-33).
  • Jesús termina su cuestionamiento refiriéndose al juicio: “recibirán una sentencia más rigurosa” (40). Se refiere a la contradicción que viven ante Aquél que será, al final de los tiempos, y ya es ahora, el que pondrá a todo el mundo en evidencia (Mc 8,38), Aquél a quien ellos entregarán a la muerte (Mc 8,31; 10,33).
  • La escena de la ofrenda de “la viuda pobre” (41-44) contrapone a “todos los demás” (43) a esta mujer que lo da “todo” (44).
  • La mujer (42), anónima y desconocida, es “pobre” y es “viuda”. Nos recuerda a los pobres de Yahvé, prefiguración del Mesías llevado a matar. Y nos recuerda la enseñanza bíblica según la cual las viudas, los huérfanos y los extranjeros, que designan a las personas sin apoyo social y sin futuro, ponen al descubierto el pecado del Pueblo y su distancia del Reino de Dios. Nos recuerda, por otro lado, cual es el auténtico Pueblo, el que encuentra el auxilio en el Dios de Jacob (Sl 146[145],5) y no en los poderosos, en quienes no se puede confiar (Sl 146[145],3). Jesús, en la cruz, aparecerá como el pobre rechazado de la ciudad de los hombres (Mc 15,22ss).
  • Dar “todo lo que tenía para vivir” (44) es dar con desprendimiento y radicalidad. Y, en este contexto del templo, quiere significar ponerse totalmente en manos de Dios.
  • Pero la generosidad de la viuda pobre contrasta no solamente con la ostentación de los ricos, que ponen su vida totalmente en manos de las riquezas, sino también con la actitud de los escribas, de los cuales, precisamente, Jesús acaba de decir que “devoran los bienes de las viudas” (40).
  • Conservar lo que no se necesita por el puro gusto de acumular es lo que define a una clase bien concreta de personas: los ricos (44). Las posesiones matan la capacidad de compartir. Matan, también, la capacidad de asumir el riesgo del don, del regalo gratuito. Siempre cuesta preferir un tesoro en el cielo (Mc 10,21) cuando existe la posibilidad de gustar en la tierra de las delicias de unas riquezas que nos seducen y nos impiden “dar”, dar fruto (Mc 4,19).
  • En las puertas de la Pasión –Jesús acaba de entrar en Jerusalén (Mc 11,1ss)–, la viuda pobre es figura del Señor Jesús: como Él es rechazada; como Él, lo da “todo”. Y, por la misma razón, es modelo del verdadero discípulo, el que sigue a Jesús en todo, el que es llamado a hacer presente en el mundo lo más íntimo de Dios: el don sin medida.