CUARTO DOMINGO DE CUARESMA -CICLO C- 2025

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Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona

El texto del evangelio de hoy es el del padre y los dos hijos, el llamado hijo pródigo. El Padre está con los brazos abiertos para acogernos y hacer una fiesta para expresar la alegría y la fraternidad. La Eucaristía que celebramos, figura del Reino, es el lugar donde el hermano mayor es invitado a acoger al hermano pequeño.
 

Pauta para el Estudio de Evangelio personal o compartido en grupo

1. Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer

2. Anoto algunos hechos vividos esta última semana

3. Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo

4. Anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho... Contemplo a este Jesús cercano a las personas. Lo descubro cercano a mí y a las personas que tengo alrededor. Lo descubro también cercano a aquellas personas que están lejos de mí. Y doy gracias por ello.

5. Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor... ¿Qué testimonios encuentro ahí de perdón incondicional que me recuerden lo que Jesús nos muestra del Padre? Y yo mismo/a, ¿Qué experiencia tengo de este perdón que libera y renueva... y llena de alegría?

6. Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)

7. Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

 

Notas por si hacen falta

Notas sobre la lectura de esta parábola

 

  • Tradicionalmente leemos la llamada parábola del hijo pródigo, fijándonos en la figura del hijo menor. Él, como los “publicanos y los pecadores” (1), se convierte en el centro y el lector se identifica con él para darse cuenta de que tiene que volver al Padre.
  • En cambio, el protagonista de la parábola es el Padre. Si queremos volver al Padre, conviene que nos fijemos más en Él que en nosotros mismos.

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

 

  • Los publicanos”, considerados pecadores tanto por los escribas como por la gente del pueblo, y “los demás pecadores” (1) “se acercan a Jesús” y Jesús “come con ellos” (2). Esto provoca rechazo por parte de algunos (2).
  • En el mundo oriental antiguo, las comidas eran consideradas un momento privilegiado de amistad y de comunión entre las personas. Los fariseos consideraban que comer con paganos o con pecadores era una fuente de impureza ritual.
  • El protagonista de la parábola es el “hombre” que tiene “dos hijos” (11).
  • Estos hijos reciben del Padre, ambos, lo que les corresponde como hijos (12). Conviene notar que son bienes recibidos. Uno de los bienes que reciben es la libertad de irse (13) y de “entrar” (28), la libertad de gozar de los bienes de la casa del Padre (13 y 31) o de no aprovecharlos (14 y 28).
  • El centro de la parábola, más que en la conversión del hijo menor, está en el amor del Padre por sus dos hijos (20-24.32). Un amor que hace que dé el perdón total y sin condiciones a aquel que se había ido para no volver jamás. En el perdón hay la posibilidad de volver a convivir.
  • El Padre sale al encuentro, sea de un hijo (20) sea del otro (28).
  • El traje”, “el anillo” –signo de autoridad–, “las sandalias” –propias de un hombre libre, no de un esclavo– (22) son signos de la restitución de la dignidad de hijo. Conviene tener presente que la situación anterior de este hijo estaba marcada por realidades como la de “guardar cerdos” (15), trabajo inaceptable y degradante para un judío.
  • La fiesta (23-24) es signo del amor del Padre y de la alegría de la Iglesia cuando el Padre rehace la comunión.
  • La Eucaristía que celebramos, figura del Reino, es el lugar donde el hermano mayor es invitado a acoger al hermano pequeño (32).
  • La alegría (23.32) es lo que sienten todas las personas que encuentran a Jesús y reconocen en él a quien trae al mundo la salvación de Dios (Lc 2,10; 24,52).
  • La actitud del hijo mayor (28) retrata la actitud de los “fariseos y escribas” (2), que “murmuran” de Jesús porque “acoge a los pecadores” (1-2).
  • La actitud del “padre” (20.22-24.31-32), en cambio, pone de manifiesto el rostro de Dios, que muestra su amor ilimitado e incondicional a la humanidad a través del ministerio de Jesús (1-2), que siempre va al encuentro (20.28) de los pecadores (Lc 5,32).
  • El perdón de Dios llega a todo el mundo que quiera aceptarlo. Basta con “entrar” en la casa del “padre” (28).
 
Otra mirada sobre el hijo “menor” (¡con ganas de ver a Jesús por todas partes!)
 
  • El hijo “menor” nos ofrece una imagen de Jesús, el Hijo amado (Lc 3,22) del Padre:

    • se va de la casa del Padre y viene a convivir con nosotros (13)

    • asume la realidad humana en toda su dureza (14-16; Fl 2,6-8)

    • derrocha” los bienes del Padre (13.30) –gasta la vida– con los pecadores

    • encuentra el rechazo de los que se creen justos (2.29)

    • incluso asume el pecado de todos y pide perdón al Padre (21; Lc 23,34). Es quien carga con el pecado del mundo (Jn 1,29).

  • El Padre, por su lado, lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre sobre todo nombre (Fl 2,9ss). Y, de esta manera, nos ha perdonado: “todo lo mío es tuyo” (32).