CURA JUBILADO EN PUEBLOS PEQUEÑOS (ÁLAVA)
Soy un cura alavés, jubilado. Los fines de semana vuelvo a los pueblos de la Llanada como quien regresa a casa: con pasos más lentos, pero con el corazón despierto. Me asignan dos pueblos cada domingo. Muchos ya los conozco; otros me reciben como se recibe a un vecino más. No traigo soluciones grandes. Traigo presencia, escucha y un poco de pan compartido.
Me pidieron contar algo. Lo hago desde la sencillez, como en una revisión de vida del Prado: dejando que los pequeños hechos hablen, porque ahí —en lo pequeño— suele esconderse la semilla.
El domingo del Buen Pastor celebramos en un pueblecito. Cuatro mujeres mayores. Podría parecer poco. Pero dos de ellas cuidan rebaños de ovejas; otra tiene ganado mayor y su marido vive en una residencia con Alzheimer. Mientras el evangelio habla del pastor que conoce a sus ovejas, ellas hablan de nombres, de cuidados, de noches en vela. La Palabra se hace carne en sus historias. Y, sin darnos cuenta, la iglesia se vuelve hogar: nos reconocemos familia, pequeña comunidad que intenta vivir al estilo de Jesús.
Manu Vida/Cuaderno de Vida: Visitar a Rafaela
Ayer estuve visitando y llevando la comunión a Rafaela. Como todas las semanas la encontré inmóvil, sentada en el sillón con los pies tendidos horizontalmente. Me cuenta que el próximo lunes le harán la preanestesia para operarla de la otra rodilla. Sin que aún se haya recuperado de la otra operada hace un año.
Los mayores hay que estimularlos para que hagan rehabilitación y dejen la comodidad del sillón. La chica que la cuida está durante el día con ella, casi siempre con el móvil. Apenas le da conversación y menos la estimula para que ande y recupere movilidad.
Juan Carlos Martín Muñoz
Me he acercado a saludar al grupo de primero de bachiller que se confirmará en la próxima pascua. De los diecisiete que tomaron la comunión han quedado cinco que siguen haciendo camino. Entre ellos estaba Martina.