Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona
El evangelio nos regala este domingo el relato de las bienaventuranzas. Con la contraposición entre las bienaventuranzas y las amenazas, Lucas presenta el Reino de Dios como la inversión de la situación actual: Dios opta por darse, por dar su Reino, a quienes ahora y aquí se encuentran en necesidad. Es una opción que no justifica de ninguna manera esta situación injusta: por eso aparecen enseguida y en paralelo las amenazas a los “ricos, saciados...”. Se trata de invertirlo ahora y aquí.
Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona
Podemos contemplar hoy que la palabra de Jesús incide poderosamente en la vida concreta de los que la han escuchado con confianza; y transforma estas vidas, provoca cambios en ellos. “Simón”, que ya conoce a Jesús (Lc 4,38), siente ahora la llamada a actuar. Se trata de una acción que no tenía prevista. Esta llamada la recibe cuando se unen en su vida dos cosas: la realidad que está viviendo: “no hemos cogido nada”, y la palabra de Jesús recibida como palabra de Dios: “por tu palabra”.
Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona
Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona
Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona
Este domingo es el segundo del tiempo ordinario y tiene, todavía, un tono "epifánico". El Evangelio va de boda.
La boda simboliza la alianza entre Dios y su pueblo, entre Dios y los más pobres. Dios, enviando a Jesús, ha cumplido esta alianza. La “mujer”, “la madre de Jesús”, representa a Israel, el pueblo del cual nace el Mesías. En María vemos una cara de este pueblo: un pueblo atento a la intervención de Dios en la vida, en los acontecimientos, en las necesidades. La “mujer” asume esta representatividad del pueblo.
Josep María Romaguera i Bach. Diócesis de Barcelona